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17 de enero de 2018

Ópera en el cine: Rigoletto ROH 2017/18

Rigoletto - ROH 2017/18

Esta ópera fue retransmitida en directo desde el Royal Opera House de Londres por Versión Digital para España y proyectada en diferentes salas de cine (Cinesur, Cinesa, Kinépolis, Ocine, etc.), a las 20:15, hora española, ayer 16 de enero de 2018. Tengo que agradecer a Versión Digital y a su equipo de marketing el que por primera vez me obsequiaran con un par de entradas para asistir al evento en cualquier cine de mi elección en todo el territorio nacional. El precio de la entrada, que puede estar sujeto a variación según la cadena de cines, me consta que en Cinesur fue de 17€, que además, como ya es habitual, obsequió a los asistentes con un ambigú en el intermedio, en esta ocasión, llamativamente abundante.

Rigoletto es la primera ópera, de lo que se conoce como trilogía popular en la producción operística de Verdi, seguida por Il Trovatore y La Traviata. Es una obra imprescindible del repertorio y programada temporada tras temporada en los teatros de todo el mundo. La pasión, la venganza, el amor y el engaño, están presentes y otorgan al conjunto toda una amalgama de sentimientos universales e intemporales. Con esta serie de ingredientes, paso a analizar la función que se cocinó ayer.

La producción que se presentaba era del escocés David McVicar, un destacado director de escena y habitual por estos lares. La propuesta escénica fue un claro ejemplo de cómo hacer mucho con poco. Me explico. Al margen de la complejidad técnica de un, ya nada novedoso, escenario giratorio, sólo con un gran lienzo de forma trapezoidal, con su soporte trasero a modo de caballete, y una pasarela acabada en escalones, McVicar nos transportó del palacio ducal al hogar de Rigoletto y vuelta para por fin acabar en la casa de Sparafucile a orillas del río. Abundando en el tema, podemos definirla como una producción de corte clásico, no profusa pero con fuerza y muy atractiva. La primera escena, en el palacio del duque de Mantua, derrochó lujuria y lascivia a raudales. Seguramente esté en mi top 3 de cuantas cortes libertinas haya visto nunca. Desnudos femeninos y alguno masculino, igualdad ante todo, que supusieron un conjunto bastante conseguido y una forma inmejorable de empezar la función. Las casas, tanto de Rigoletto como de Sparafucile, estuvieron acomodadas en la parte trasera del lienzo y con la acción en dos niveles dio bastante juego para las escenas de conjunto. El coro y los figurantes, bien dirigidos, se movieron con buen criterio a lo largo de la escena contribuyendo a dar veracidad a los acontecimientos.

La escenografía, a cargo de Michael Vale, fue elegante y, aun sin alardes, consiguió crear una atmósfera opresiva en la corte, sobrecogedora en la casa del sicario y desgarradora en los solos de Rigoletto. Gran mérito, ante la sobriedad de la escenografía, tuvo la iluminación, encargada de enfatizar cada momento a lo largo de la obra. Como aspecto negativo podemos señalar dos breves pausas entre cuadros, innecesarias, por ser un escenario giratorio, e inexplicables por no aportar nada tras la reanudación, que interrumpieron la línea dramática. Del vestuario de Tanya McCallin sobresalió la apariencia con la que quiso caracterizar a Rigoletto, menos bufón y más tullido que otras veces. El resto, en la línea de unos vestuarios cuidados de una producción clásica y en consonancia con la propuesta escénica.

En líneas generales, esta producción, seduce y transporta a pesar de su aparente simpleza. Su éxito radica en que sin ahogar espacialmente a los intérpretes, los oprime atmosféricamente.

En cuanto al reparto, no tenía demasiadas expectativas, por sospechas sobre los que no conocía y recelo por el que sí conocía. Al final, hubo de todo, a saber: el barítono griego Dimitri Platanias fue, en mi opinión, el triunfador de la noche. Construyó un Rigoletto muy creíble en lo escénico y solvente en lo vocal. Además de su timbre agradable cantó con entrega y compromiso. Su noble interpretación me dejó buenas sensaciones y un nombre que seguiré de cerca. Sublime Cortigiani, vil razza, acompañado del chasquido de las espadas de los cortesanos. La otra cara de la moneda fue el tenor estadounidense Michael Fabiano en el rol del duque de Mantua. Ya tenía ciertos prejuicios por el Rodolfo de La Bohème que le vi cantar hace unos meses en ese mismo escenario, pero lo de ayer ya me pareció una tomadura de pelo. Directamente es un cantante que no tiene aptitudes para cantar a este nivel. Vive de lanzar agudos afilados pero carece de técnica, fraseo, etc., a veces me da la impresión de que se inventa notas y acaba destrozando la partitura. Segunda oportunidad, segundo suspenso. Tampoco me convenció Lucy Crowe como Gilda, si bien es cierto que la soprano británica ha cancelado alguna función anterior siendo sustituida a última hora por la española Sabina Puértolas. Desconozco si arrastra algún problema vocal pero su voz parecía velada y solo destacó en algunas coloraturas. Su primer dúo con el duque, para olvidar. No es una Gilda que vaya a recordar y está muy lejos de la última a la que vi cantar, Désirée Rancatore. Mejor suerte para el bajo italiano Andrea Mastroni como Sparafucile. Una voz rotunda y con cuerpo a la que acompañó con una interpretación consecuente con su rol. La Maddalena de la mezzosoprano búlgara Nadia Krasteva, cumplió con su reducido protagonismo. Muy entregada en la interpretación y correcta en lo vocal aunque poniendo de manifiesto que es una mezzo para papeles secundarios. Tapada por completo en el cuarteto Bella figlia dell’amore. Del resto de comprimarios James Rutherford como Conde Monterone o Dominic Sedgwick como Marullo, poco que reseñar.

El coro del ROH, es una garantía y así lo demostró. Últimamente había alguna actuación en la que le ponía alguna pega pero ayer me parecieron precisos en todas sus intervenciones.

La dirección de la orquesta a cargo de Alexander Joel, tuvo algunos altibajos. Con las consabidas limitaciones de la sala de cine, en ocasiones sonaba poco limpia y emborronada, como en el primer encuentro de Rigoletto y Sparafucile. Tuvo la molesta costumbre de acelerar los tempos al final de cada número y atropelló sin piedad a los cantantes en el final de la Vendetta. Destacar lo simpático y pedagógico que estuvo explicando algunos pasajes de la obra en el intermedio.

En definitiva, fue un Rigoletto disfrutable, sobre todo por la elegante producción de McVicar y la inesperada interpretación de Dimitri Platanias. Por contra hubo que tragar saliva ante alguna actuación poco afortunada y demasiado protagonista. Agradezco de nuevo a Versión Digital el detalle de enviarme entradas para esta función y espero que podamos establecer una fructífera colaboración.


RIGOLETTO de Giuseppe Verdi

Duque de Mantua
Michael Fabiano
Rigoletto
Dimitri Platanias
Gilda
Lucy Crowe
Sparafucile
Andrea Mastroni
Maddalena
Nadia Krasteva
Giovanna
Kathleen Wilkinson
Conde de Monterone
James Rutherford
Marullo
Dominic Sedgwick

Director
Alexander Joel
Director de escena
David McVicar
Escenografía
Michael Vale
Diseño de vestuario
Tanya McCallin

Royal Opera House, Londres, 16 de enero de 2018

26 de junio de 2017

Próximamente en cines: Otello, 28 de junio, ROH

Después de un tiempo sin publicar nuevas entradas, por compromisos familiares, laborales y algún otro de carácter altruista en los que me encuentro inmerso, no podía dejar pasar esta cita con resonancia en toda Europa. Sí, de esa magnitud es lo que os vengo a contar.

Como inciso, en adelante, no sé con qué frecuencia podré seguir publicando por aquí. Lo que sí puedo asegurar es el cómo. Algunos habéis echado de menos más actividad en el blog, otros no, y el resto simplemente no se ha pronunciado. Publicaré cuando tenga algo relevante que aportar a la escena operística y en los términos en los que lo vengo haciendo, no ideé el blog para escribir entradas cortas y diarias, ni para enlazar vídeos de Youtube, para eso ya hay otras redes sociales más dinámicas donde tienen cabida estas prácticas. Aprovecho para agradeceros vuestra fidelidad y sin más dilación vamos con la próxima cita.

Cada temporada hay fechas señaladas en el calendario con representaciones de gran expectación, este caso el acontecimiento apunta a efeméride de repercusión mundial. Parece una exageración pero cuando algo ocurre por primera vez y con éxito, transcurrido el tiempo la fecha y lugar del origen quedan para la historia. En este caso los ingredientes son, el para mí y para muchos, mejor tenor del momento Jonas Kaufmann, debutando en el papel de Otello con un director con el que ya ha demostrado una complicidad especial, Antonio Pappano, y en un escenario, Covent Garden, con coro y orquesta incontestables. ¡Todos al cine!



¿Cuándo?
Jueves 28 de junio de 2017 a las 20:15, en directo desde el Royal Opera House de Londres. Retransmitido por Versión Digital, podéis consultar las salas de cine asociadas aquí y comprar las entradas. El precio de las mismas puede variar según la sala de cine a la que acudáis, en mi caso, el importe ha sido de 19€ mediante la venta anticipada online en Cinesur.

¿Qué?
Otello es una ópera en cuatro actos de Giuseppe Verdi, con libreto en italiano de Arrigo Boito, basado en la novela Otelo, el moro de Venecia de William Shakespeare. La ópera se estrenó en el Teatro alla Scala de Milán en 1887 y tres años después en España, en el Teatro Real de Madrid. La duración estimada es de 2 horas y 15 minutos.

Personajes
Otello. Militar moro renegado, al servicio de la República Veneciana contra los turcos; enamorado de Desdémona, su esposa. Papel para tenor dramático.
Desdémona. Esposa de Otello, con quien se casó por amor. Papel para soprano lírico-spinto, con dominio del pianissimo y a la vez capaz de insuflar fuerza en algunos pasajes.
Yago. Enemigo de Otello y de Cassio. Papel tortuoso, negativo y malvado, declamatorio y cruel.
Cassio. Lugarteniente de Otello, peleado con él por culpa de Yago, que explota la situación. Papel para tenor lírico o ligero sin grandes dificultades, aunque debe ser buen actor.
Emilia. Esposa de Yago; sumisa, pero capaz de rebelarse. Papel para mezzosoprano sin mucho relieve vocal.
Roderigo. Caballero veneciano enamorado de Desdémona. Papel poco importante para tenor.
Lodovico. Embajador de Venecia, con autoridad y decoro. Papel de poco relieve para bajo.
Heraldo. Papel ínfimo para bajo.
Coro. Muy importante.

Argumento (vía Wikipedia)
La acción transcurre en una ciudad costera de la isla de Chipre, a finales del siglo XV.

Acto 1
Enfrente del castillo, cerca de la bahía.
En una noche tormentosa, el pueblo de Chipre espera ansioso la llegada del nuevo gobernador, Otello, de la batalla con los turcos (Coro, Montano, Cassio, Yago, Roderigo: Una vela!). Otello llega sano y salvo y anuncia que la flota turca ha sido destruida, y los chipriotas se alegran (Otello, coro: Esultate! L’orgoglio musulmano sepolto è in mar).
El alférez de Otello, Yago, se ofrece a ayudar al joven veneciano Roderigo en su seducción de la esposa de Otello, Desdémona, porque quiere vengarse del moro (Yago, Roderigo: Roderigo, ebben che pensi?). Otello ha nombrado a Cassio capitán de la armada, un cargo que Yago confiaba en obtener. El pueblo de Chipre celebra el regreso de la armada encendiendo una hoguera (Coro: Fuoco di gioia!).
En la taberna, Yago propone un brindis por Otello y su esposa, Desdémona, y sigue sirviendo vino a Cassio (Yago, Cassio, Roderigo, coro: Inaffia l'ugola!). Montano entra y llama a Cassio para que empiece su guardia, pero se queda sorprendido al descubrir a Cassio bebido y prácticamente incapaz de tenerse en pie. Roderigo se ríe de la borrachera de Cassio y este lo ataca. Cassio hiere a Montano en el momento en que entra Otello que les ordena bajar sus espadas, pide explicaciones a Yago y se enoja al descubrir a Montano herido. Entra Desdémona, y, al ver que ha sido perturbado el descanso de su mujer, Otello degrada a Cassio que ya no es capitán (Otelo, Yago, Cassio, Montano: Abbasso le spade).
Los chipriotas dejan a solas a Otello y Desdémona. Juntos, Otello y Desdémona recuerdan por qué se enamoraron. Se besan y luego vuelven al castillo. (Dúo de Otello y Desdémona: Già nella notte densa s'estingue ogni clamor)

Acto 2
Dentro del castillo, una cámara cercana al jardín.
Yago sugiere a Cassio que pida a Desdémona hablar a Otello sobre su degradación, porque Desdémona puede influir en su marido para devolverle el puesto (Yago, Cassio: Non ti crucciar). Yago lanza sus creencias nihilistas en un bien conocido Credo in un Dio crudel.
Otello entra en la habitación. Cassio ve a Otello desde lejos y se aleja discretamente. Yago le insinúa que Cassio y Desdémona son amantes y Otello se siente celoso, pero quiere pruebas de la traición de Desdémona (Yago, Otelo: Ciò m’accora... Che parli?).
Una multitud de niños, marineros y chipriotas rodean a Desdémona, alabando su belleza y pureza (coro, Yago, niños, Desdémona, Otello: Dove guardi splendono raggi). Ellos le presentan regalos y le desean felicidad antes de irse.
Desdémona cumple el encargo de Cassio de pedir que se le devuelva su cargo. Otello amargamente le dice que se lo pida en otro momento, y que ahora le duele la cabeza. Desdémona envuelve su cabeza con un pañuelo que Otello le dio en el pasado, lino bordado con fresas. Otello lo arroja al suelo y dice que no lo necesita (Desdémona, Otelo: D'un uom che geme sotto il tuo disdegno la preghiera ti porto). Emilia recoge el pañuelo. Desdémona le pide perdón a Otello. A un lado, Yago le pide a Emilia el pañuelo. Cuando ella le dice que no, Yago se lo coge a la fuerza.
Otello despacha a los otros, y canta que él ahora cree que Desdémona puede estar engañándolo (Otello: Ora e per sempre addio sante memorie). Regresa Yago, y el celoso Otello exige pruebas de la infidelidad de Desdémona. Yago dice que una vez, cuando él y Cassio dormían en la misma habitación, oyó a Cassio hablar a Desdémona en sueños y le vio llevando un pañuelo bordado de fresas justo el día anterior. Juntos, Yago y Otello juran vengarse de Desdémona y Cassio (Otello, Yago: Sì, pel ciel marmoreo giuro).

Acto 3
El gran salón del castillo y cerca, un pequeño salón.
Yago explica a Otello que atraerá a Cassio aquí y que hablará con él mientras Otello mira, escondido (Yago: Qui trarrò Cassio). Desdémona entra y le recuerda la petición de Cassio. Otello le dice que todavía tiene dolor de cabeza, y le pide que envuelva su pañuelo alrededor de su cabeza. Cuando Desdémona le presenta otro pañuelo diferente, Otello le pide el que él le regaló, con fresas. Cuando dice que no lo tiene, Otello dice que era un talismán, y que le llegarán desgracias si lo pierde. Desdémona protesta que ella es fiel; al final, Otello la echa de la habitación (Desdémona, Otelo: Esterrefatta fisso lo sguardo tuo tremendo).
Otello se lamenta de su destino (Dio! mi potevi scagliar tutti i mali). Cuando Yago llama a Cassio, Otello se esconde. Yago le pregunta sobre sus aventuras con esa mujer. Cassio le pregunta qué mujer y, suavemente, de manera que Otello no pueda oirlo, Yago dice "Bianca" (la auténtica amante de Cassio). Cassio se ríe de sus aventuras románticas, y Otello cree que está hablando de Desdémona.
Suenan los clarines, anunciando la llegada del embajador veneciano. Cassio sale, y Otello decide matar a su esposa estrangulándola en su cama, mientras Yago se ocupará de Cassio.
Lodovico, Desdémona, Emilia, Roderigo y otros dignatarios entran. Cuando Lodovico nota la ausencia de Cassio, Yago le dice que Cassio ha perdido el favor, pero Desdémona añade que pronto lo restaurarán a su puesto. Otello la llama demonio, y casi la golpea violentamente pero Lodovico lo contiene. Cassio entra y Otello lee (mezclando mientras insultos a Desdémona) una carta del Dogo, anunciándole que ha sido llamado de vuelta a Venecia y Cassio lo sucederá como gobernador de Chipre. Encolerizado, Otello arroja a Desdémona al suelo (Otello, Roderigo, Yago, Cassio, Lodovico: Messeri! il Doge mi richiama a Venezia).
Desdémona, desde el suelo, se lamenta (A terra! … sì … nel livido fango). En un conjunto, los diversos personajes expresan sus distintos sentimientos: Emilia y Lodovico consuelan a Desdémona, Cassio se maravilla ante su repentino cambio de fortuna y Roderigo se lamenta de que Desdémona vaya a irse pronto. En apartes separados, Yago primero le dice a Otello que esa noche es la noche de vengarse y luego aconseja a Roderigo de que la única forma de impedir que Desdémona se vaya es que muera el nuevo duque, animándolo a asesinar a Cassio esa noche (Emilia, Cassio, Desdémona, Roderigo, Lodovico, Yago, Otello, coro: Quell’innocente un fremito d'odio non ha nè un gesto). Otello ordena a todo el mundo que se vaya, luego se derrumba. Yago presiona la frente de Otello con su talón, luego se marcha. Afuera, la multitud de chipriotas grita victoria y gloria por Otello (Otello, Desdémona, Emilia, Cassio, Roderigo, Lodovico, Yago, coro: Fuggite!)

Acto 4
Habitación de Desdémona. Una lámpara iluminada enfrente de una imagen de la Virgen María.
Desdémona y Emilia están preparándose para irse a la cama. Desdémona le pide a Emilia que le ponga el traje que usó en su noche de bodas. Desdémona recuerda cómo su madre tuvo una criada llamada Barbara, quien se enamoró de un hombre pero enloqueció cuando él la abandonó (Desdémona: Piangea cantando nell’erma landa, también conocida como la "Canción del sauce"). Después de que Emilia se marche, Desdemona reza (Ave Maria) y luego se duerme.
Silenciosamente entra Otello con una espada. Besa a su esposa y con ello la despierta. Otello le pregunta si ha rezado, porque no quiere matar su alma. Ella le ruega piedad a Dios, tanto para ella como para Otello. Este la acusa de pecar, diciendo que la tiene que matar porque ama a Cassio. Ella lo niega y le dice que llame a Cassio, pero Otello le responde que está muerto. Desdémona le pide que se apiade que ella, pero Otello le dice que es demasiado tarde y la estrangula (Otello, Desdémona: Diceste questa sera le vostre preci).
Emilia llama a la puerta, anunciando que Cassio ha matado a Roderigo. Desdémona suavemente dice que ha sido acusada injustamente, y luego muere. Emilia llama asesino a Otello; él responde que Yago le dio pruebas de la infidelidad de Desdémona. Otello empieza a amenazar a Emilia, quien pide ayuda. Entran Yago, Cassio y Lodovico. Emilia exige que Yago niegue la acusación de Otello; él se niega. Otello dice que el pañuelo que Desdémona dio a Cassio es prueba suficiente. Emilia, horrorizada, explica que Yago había robado el pañuelo; Cassio corrobora su historia. Montano entra y dice que Roderigo, al morir, reveló el plan de Yago. Yago, blandiendo su espada, se escapa corriendo (Emilia, Otello, Desdémona, Cassio, Yago, Lodovico, Montano: Aprite! Aprite!)
Al darse cuenta de lo ocurrido, Otello se lamenta de la muerte de Desdémona. Extrae una daga de su ropa y se apuñala. Otros intentan detenerlo, pero es demasiado tarde. Antes de morir, se arrastra cerca de su esposa y la besa. Queda muerto cerca de Desdémona (Otello, Cassio, Lodovico, Montano: Niun mi tema).

Discografía
La grabación que tengo y recomiendo es la de Plácido Domingo, Renata Scotto, Sherrill Milnes, Frank Little, Paul Crook. Ambrosian Opera Chorus y National Philhamonic Orchestra dirigidos por James Levine. RCA 2 CD, grabado en estudio, 1978 (puede adquirirse vía Amazon aquí).


Otello es una obra de madurez de Verdi después de una dilatada carrera como compositor, no en vano es su penúltima ópera por delante de Falstaff, con la que puso fin a su producción operística. Según las estadísticas de Operabase aparece la nº 28 de las cien óperas más representadas en el período 2005-2010, siendo la 17ª en Italia y la 8ª de Verdi.

¿Cómo?
La producción del británico Keith Warner apunta a ser de corte clásico, respetuosa con el texto y lejos de las extravagantes propuestas de las óperas de Wagner que el director nacido en Londres ha llevado a cabo. Esperemos que aporte o al menos no obstaculice una producción en la que el director de escena no es el principal aliciente. Ojalá no se parezca en nada a la de los escenarios de metacrilato de Bartlett Sher que ofreció la temporada pasada el MET.

La dirección de la orquesta del teatro londinense correrá a cargo de su director titular Antonio Pappano, que como ya he comentado, además de su talento, tiene como seña de identidad la sintonía con los cantantes en general y con Kaufmann en particular. En cuanto al reparto, el mencionado tenor alemán defenderá por primera vez en su carrera el rol de Otello, después de haber cantado un notable Lohengrin en París. La soprano italiana Maria Agresta será Desdémona y cerrará el trío protagonista, como el carismático Yago, el barítono, también italiano, Marco Vratogna. En el resto de roles, Frédéric Antoun será Cassio y Thomas Atkins hará lo propio como Roderigo. No hace falta recalcar a los bolsillos de qué cantante del reparto ha ido la gran parte del presupuesto de esta producción.

En definitiva, Otello es una obra imprescindible del repertorio operístico y para muchos aficionados una de las más destacadas de Verdi junto con Falstaff. A partir de esta obra Verdi explora un lenguaje musical no visto anteriormente y muy cercano a la manera de producir de Richard Wagner. Esta producción tiene como piedra angular el debut en el rol de Jonas Kaufmann, un tenor que marcará una época. Si tiene su noche, todo lo demás quedará relegado a un segundo plano. Veremos cómo resulta.

7 de abril de 2017

Ópera en el cine: Rigoletto Liceu 2016/17

Rigoletto - Liceu 2016/17

Esta ópera fue retransmitida en directo desde el Gran Teatre del Liceu de Barcelona por Rising Alternative para numerosas de salas de cine en Europa y América, a las 19:45, hora española, ayer 6 de abril de 2017. El precio de la entrada, que puede estar sujeto a variación según la cadena de cines, en mi caso fue de 19€ en Cinesur, que además ha tomado como costumbre ofrecer un ambigú en el intermedio para todos los asistentes, cuestión que merece ser puesta en valor.

Victor Hugo, en cuya obra teatral Le roi s’amuse está basada Rigoletto, se resistió durante años a ver la ópera. Cuando lo hizo, quedó fascinado con el célebre cuarteto Bella figlia dell’amore, expresando su admiración ante la superioridad de la ópera sobre el teatro. Admitió que jamás habría podido hacer hablar a cuatro personajes expresando a la vez cosas distintas y obtener ese maravilloso efecto de conjunto. Después de esta anécdota histórica, corresponde analizar la función de ayer.

La producción, como ya se adelantó en la preparación previa, estuvo dirigida por la holandesa Monique Wagemakers, como ya lo hiciera años atrás en el Teatro Real de Madrid. Si bien me incluyo en el grupo de los que apuestan por producciones de corte moderno, capaces de reinventar u ofrecen una visión alternativa de las historias tantas veces contadas, en esta ocasión tengo que poner algún que otro pero a la vista ayer. Como ya he dicho tantas veces, la ópera es un espectáculo tan interdisciplinar y completo que cualquiera de sus elementos puede magnetizarte. El apartado vocal, el aspecto interpretativo o la propuesta escénica son algunos de estos elementos. Si todos lo consiguen el disfrute es total.

En este Rigoletto la escenografía no consiguió captar mi atención. No porque no hubiera palacio ni posada, sino porque una propuesta tan sobria necesita cimentarse en una interpretación bárbara, que a excepción de Carlos Álvarez, no la encontré en los cantantes. Esta producción causa impacto, comenzando por la coreografía del coro en la obertura, pero pasado un rato, todo se torna monótono y anodino. La complejidad técnica de la plataforma móvil no consigue un efecto justificable, como para hacer cantar con esa inestabilidad, más allá de situar al cuarteto en dos niveles para la escena de la posada (Bella figlia dell’amore).

En este caso el escenógrafo, Michael Levine, el mismo que pude disfrutar en el Billy Budd del Teatro Real, demostró que su contribución pasa por ser un mero ejecutor de las ideas del director de escena, responsable de todo lo que vemos sobre el escenario no relacionado con lo musical. A pesar de que los juegos con la iluminación eran uno de los puntos fuertes de esta producción, al menos en el cine, el conjunto resultó demasiado oscuro. El vestuario de Sandy Powell, rojo veneciano renacentista, es parte de la seña de identidad de esta producción y resultó muy efectista sobre todo en los números corales.

En líneas generales, esta producción se presentaba minimalista y lo fue hasta el ahogo. Solo la gran interpretación de Carlos Álvarez llenó el espacio vacío y tenebroso por momentos. El despliegue tecnológico de la plataforma móvil no deslumbró, por lo que habría sido prescindible.

En cuanto al reparto, ya se han mencionado las de sobra conocidas dotes interpretativas del barítono malagueño Carlos Álvarez, que en el escenario fue un titán. Fiero, enloquecido o desgarrado, según discurría la obra, construyó un Rigoletto excelente. La noticia es el estado de sus espléndidas condiciones vocales que recordaron al grande que fue. Me congratula especialmente comprobar que está en plena forma, pues este verano iré a verlo cantar Don Giovanni en ese mismo teatro. La presencia de Javier Camarena era otro de los grandes atractivos. El tenor mexicano abordaba por primera vez en su carrera el papel del duque de Mantua y lo defendió con solvencia. Su voz tiene brillo y es afilada en el agudo, quizás le costó imponerse en los números de conjunto, pero no hay duda de que este nuevo Duca tiene recorrido. La Gilda de la soprano italiana, Désirée Rancatore, estuvo más preocupada de su canto que de su actuación. Tiene una voz bella aunque abusó en ocasiones del vibrato. A pesar de no transmitir demasiado a nivel dramático, vocalmente cumplió, demostrando que es un papel que domina a la perfección. El bajo croata Ante Jerkunica tenía con Sparafucile un papel pequeño aunque importante. Me dejó muy buen sabor de boca por segunda vez y en el futuro me gustaría verle cantar un personaje más relevante. Ketevan Kemoklidze, mezzosoprano georgiana, como Maddalena, actuó más que cantó y aunque su técnica no me convenció del todo, aún es joven y tiene margen de mejora. De los comprimarios destacar a Gianfranco Montresor como Monterone.

El coro del Liceu estuvo a un gran nivel tanto vocal como escénicamente. Aunque por lo encorsetado del escenario, en alguna ocasión se vieron obligados a deambular sin rumbo fijo, confirieron al conjunto pinceladas de dinamismo, que ante lo espartano de la propuesta fueron de agradecer.

La dirección de la orquesta a cargo de Riccardo Frizza fue ortodoxa, sin estridencias y según los cánones. Hubo un error importante de descuadre en el trío de Sparafucile, Maddalena y Gilda, justo antes del asesinato de ésta última. Como anécdota, se echó de menos la máquina de truenos que requiere la instrumentación de la partitura, al menos en la proyección del cine, pasó desapercibida. La realización de esta retransmisión estuvo por debajo de lo que nos tienen acostumbrados otros teatros como el ROH o el MET. Se perdieron algunos planos importantes y en ningún momento se mostró a la orquesta.

En definitiva, Rigoletto volvía al Liceu donde no se representaba desde el año 2005, sumando un total de 362 representaciones hasta la fecha. La calidad vocal del reparto salvó del naufragio a esta producción un tanto fría. Esta ópera, con la cuerda de barítono como protagonista, nos permitió disfrutar de un colosal Carlos Álvarez. Que siga así por muchos años más.

RIGOLETTO de Giuseppe Verdi

Duque de Mantua
Javier Camarena
Rigoletto
Carlos Álvarez
Gilda
Désirée Rancatore
Sparafucile
Ante Jerkunica
Maddalena
Ketevan Kemoklidze
Giovanna
Gemma Coma-Alabert
Conde de Monterone
Gianfranco Montresor
Marullo
Toni Marsol

Director
Riccardo Frizza
Director de escena
Monique Wagemakers
Escenografía
Michael Levine
Diseño de vestuario
Sandy Powell

Gran Teatre del Liceu, Barcelona, 6 de abril de 2017


Editado: Como consecuencia de la publicación y difusión de esta crítica, el director de la orquesta, Riccardo Frizza, se ha puesto en contacto personalmente conmigo para hacer alguna puntualización con respecto a la función retransmitida. Parece que sí hubo máquina de truenos, aunque pasó desapercibida en la proyección de las salas de cine, al menos a la que yo asistí. Ya que se ha tomado la molestia, no solo de leer la crítica, sino de contactar conmigo, lo mínimo que podía hacer era rectificar el texto en este sentido. A continuación os dejo las capturas de los tweets que hemos intercambiado y que ponen de manifiesto el talante cercano de este director. Bravo por las redes sociales.




31 de marzo de 2017

Ópera en el cine: Madama Butterfly ROH 2016/17

Madama Butterfly - ROH 2016/17

Esta ópera fue retransmitida en directo desde el Royal Opera House de Londres por Versión Digital para España y proyectada en diferentes salas de cine (Cinesur, Cinesa, Kinépolis, Ocine, etc.), a las 20:15, hora española, ayer 30 de marzo de 2017. El precio de la entrada, que puede estar sujeto a variación según la cadena de cines, en mi caso fue de 19€ en Cinesur, que además tuvo la cortesía de ofrecer un ambigú en el intermedio para todos los asistentes.

Como dato relevante sobre el alcance de estas retransmisiones en directo, destacar que la ópera fue proyectada en 1030 salas de cine de 29 países y en 9 idiomas diferentes.

La sutileza desgarradora de Madama Butterfly la convierte en una ópera capaz de conmoverte en lo más profundo. Nadie queda indiferente ante el dolor de esa madre y su sufrimiento acumulado a lo largo de toda la obra que culmina con el fatal desenlace que, como poco, te hace sentir un nudo en la garganta. Puccini lo logró una vez más dejándonos esta obra maestra. Vamos a analizar la función de ayer.

La producción, como ya se adelantó en la preparación previa, estuvo dirigida por la dupla formada por el belga Moshe Leiser y el francés Patrice Caurier. Este tándem trabaja siempre junto desde 1982 y además lo hacen con el mismo equipo de colaboradores. La propuesta fue de corte clásico y minimalista. Hay que reconocer que ésta es una ópera que se presta poco a la fantasía por contar con pocos ambientes a recrear, ya que prácticamente toda la acción transcurre en el mismo lugar. Aún así, la idea de enmarcar todo en una única estancia resultó un poco monótona. Solo los cambios de luces y el juego de persianas daban algo de dinamismo al entorno. Los directores decidieron, por tanto, centrar la atención en los protagonistas y sus interacciones.

La escenografía, a cargo de Christian Fenouillat, además de lo referido anteriormente, contó con los elementos de obligada presencia, a saber, documentos nupciales, mesa de té, la carta de Pinkerton, una estatua de la libertad en miniatura a modo de guiño, la banderita americana y, por supuesto, el cuchillo con el que se pone fin al drama, poco más. Cabe destacar, en el plano negativo, el ruido inadmisible que hacían las persianas al bajar y subir automáticamente. Como positivo, que la monotonía escénica la rompió el momento de la entrada del tío Bonzo y la composición final, muy efectista con la caída de las flores del cerezo sobre el cuerpo yacente de Butterfly, aunque sus aleteos agonizantes restaron dramatismo a la muerte. El vestuario de Agostino Cavalca, fantástico. Sobre todo en los personajes japoneses, además de sus kimonos, la caracterización de todos ellos fue la nota de color que, a mi juicio, salvó la propuesta escénica.

En líneas generales, esta producción que nació en 2003 y está ante su quinta reposición, se la juega todo a la carta de la interpretación de los personajes. Necesita monstruos escénicos para dar vida a ese escenario tan hierático. En esta ocasión, hubo uno y descomunal llamado Ermonela Jaho.

Ya que la hemos citado, empezaré analizando el reparto por la soprano albanesa Ermonela Jaho. Todos los elogios son pocos para la que fue la piedra angular sobre la que se cimentó la producción. Aunque en el personaje de Madama Butterfly recae el peso de la obra, defenderlo como lo hizo Ermonela Jaho, engrandece una producción que no pasaría de discreta. En el apartado físico resultó muy creíble, no hablo de raza o color de la piel, sino de edad y complexión. Es cierto que se trata de interpretar a una joven de 15 años y cumplir este requisito se antoja complicado pero, con la excepción de los primeros planos y gracias a una dosis adecuada de maquillaje y caracterización, la soprano construyó una Madama Butterfly muy convincente. Vocalmente estuvo excelsa. Alternó sutileza y bravura conforme lo requería la partitura e hizo gala de un talento innato para la interpretación. Impactantes fueron sus lágrimas confirmando que presenciar una actuación suya es sinónimo de compromiso y calidad. La otra cara de la moneda fue el tenor argentino Marcelo Puente que, en mi opinión, no estuvo vocalmente al nivel. Le daré otra oportunidad para comprobar si es falta de talento o problemas con este rol de Pinkerton, temiendo que sea lo primero. Con problemas para colocar la voz, una vez lo ha hecho proyecta con potencia, pero parece andar siempre en la cuerda floja. Mejoró levemente al final y solo me convenció cuando cantó en conjunto, como en el último trío. Scott Hendricks, barítono americano, en el personaje de Sharpless tampoco tuvo una actuación destacada. Las muecas de las que se valía pusieron de manifiesto que no cuenta con una voz natural y rotunda. Elizabeth DeShong, como Suzuki, estuvo genial. La mezzosoprano americana, como ya ha demostrado en otras obras, tiene nivel para cantar papeles más relevantes y fue un lujo contar con ella en este reparto. También me gustó mucho el Goro del tenor italiano Carlo Bosi, destacando en todas sus intervenciones con una vocalización clara y emisión precisa. Por último, destacar de entre los secundarios a Yuriy Yurchuk como el Príncipe Yamadori.

El coro del ROH me dejó muchas dudas en la escena de la boda. Bien en la entrada de Butterfly y sublime en el famoso a bocca chiusa. No tenían una obra para exhibirse pero cumplieron con las exigencias.

La dirección de la orquesta a cargo de Antonio Pappano tuvo algunos altibajos que me causaron extrañeza por el alto concepto que tengo de él como director. La obertura un tanto atropellada siguió con un tempo extenuante nada propio de la obra que teníamos entre manos. Conforme fue avanzando, la cosa se hizo más reposada y más agradable de saborear. Antonio Pappano destaca por su capacidad de sinergizar y colaborar con los cantantes. Su comunión con la soprano Ermonela Jaho fue total pero no tanto con Marcelo Puente y Scott Hendricks a los que atronó con la orquesta en sus primeras intervenciones. El momento cumbre lo alcanzó al comienzo del tercer acto, con el interludio orquestal, que dirigió de forma magistral.

En definitiva, una ópera es un espectáculo tan completo que, si cualquiera de los múltiples elementos que lo componen destaca, bien puede merecer la pena una función completa. En la Madama Butterfly de ayer, como se preveía, la monumental actuación de la soprano Ermonela Jaho lo eclipsó todo, convirtiendo una propuesta discreta en una función memorable.

MADAMA BUTTERFLY de Giacomo Puccini

Cio-Cio-San, Madama Butterfly
Ermonela Jaho
Benjamin Franklin Pinkerton
Marcelo Puente
Sharpless
Scott Hendricks
Suzuki
Elizabeth DeShong
Goro
Carlo Bosi
Príncipe Yamadori
Yuriy Yurchuk
El tío Bonzo
Jeremy White

Director
Antonio Pappano
Director de escena
Moshe Leiser y Patrice Caurier
Escenografía
Christian Fenouillat
Diseño de vestuario
Agostino Cavalca

Royal Opera House, Londres, 30 de marzo de 2017