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23 de enero de 2019

Ópera en el cine: La dama de picas ROH 2018/19

La dama de picas - ROH 2018/19

Esta ópera fue retransmitida en directo desde la Royal Opera House de Londres y ofrecida por Versión Digital para España en más de 140 salas de cine, a las 19:45, hora española, ayer 22 de enero de 2019. Esta opción de ver ópera en el cine mediante retransmisiones en directo permite, pese a las diferencias obvias con respecto al teatro, disfrutar de repartos y producciones de primer nivel mundial cómoda y económicamente. Para entender el alcance de las mismas basta con echar un vistazo a las cifras, y es que la ópera fue proyectada en más de 1000 salas de cine de 28 países y en 9 idiomas diferentes.

La dama de picas, como no podía ser de otra manera tratándose de una obra de Tchaikovsky, irradia sinfonismo y belleza melódica. El compositor ruso, fuertemente influido por sus contemporáneos europeos en general y lo francés en particular, consigue aunar el costumbrismo ruso de las canciones populares de su patria y la grandilocuencia orquestal. El resultado es capaz de maravillar a cualquiera. Incluso al que se acerque por primera vez a esta ópera, venciendo el prejuicio de estar cantada en ruso, le resultará inolvidable. A continuación paso a analizar la función de ayer.

La producción, como ya se adelantó en la preparación previa, estuvo dirigida por el noruego Stefan Herheim, conocido por sus destacadas producciones en óperas de Wagner y alguna que otra controvertida propuesta escénica. En esta ocasión presentó un muy cuidado y original planteamiento situando al propio Tckaikovsky en el centro de la acción. La idea podrá gustar más o menos, a mí me encantó, pero lo indiscutible es lo bien construida que estaba. Y es que incluir un personaje nuevo en la obra y que los cantantes interactúen con él tan solo con la mirada, sin interferir en la partitura, tiene mucho mérito y trabajo detrás. La traslación temporal nos sitúa en 1890, año de estreno de la ópera y un siglo después de cuando transcurre la acción. Todos los actos tienen lugar en la misma escenografía. A priori pudiera parecer monótono pero el juego de luces crea diferentes atmósferas según se desarrolla la trama y ésto no resulta un inconveniente. La casa de Tchaikovsky es el lugar elegido por el director de escena para dar rienda suelta a su creatividad y mostrarnos el lado más creativo y atormentado del compositor. La creatividad, presente a lo largo de toda la ópera a través de las partituras que garabatean los cantantes y vuelan arrojadas por toda la estancia y su tormento, con varios guiños hacía su homosexualidad, tanto entre Liza y Pauline como entre Tckaikovsky y Hermann o la mismísima Catalina II travestida. Brillante. Bien es cierto que ver a Tchaikovsky en escena todo el tiempo, simulando tocar el piano o dirigir las partes instrumentales, puede llegar a cansar un poco. La pantomima del segundo acto, guiño a Mozart con los participantes de la misma vestidos de pájaros al más puro estilo Papageno, funciona a la perfección llevada en volandas por la delicia de la composición melódica.

El vaso de agua envenenada, con el que supuestamente se suicidó Tckaikovsky, está presente como hilo conductor en toda la producción, incluso pudimos sentirnos sumergidos en el mismo cuando, en alguna ocasión, el fondo de la escenografía ondeaba acuoso. El vestuario, variado, profuso y detallista fue un elemento clave para dar sentido y dinamismo a la propuesta. El maquillaje y la caracterización pusieron la nota discordante con más de una peluca mal colocada. Otro aspecto a destacar fue la presencia de multitud de miembros del coro en el patio de butacas, con las luces del teatro encendidas e invitando al público a levantarse, en la polonesa de O. Kozlovski, dedicada a Catalina la Grande, al final de la escena primera del segundo acto y que dio paso al descanso.

En líneas generales, esta producción, cargada de simbolismo te invita a empatizar con Tckaikovsky, con su genio y sus demonios. La aparente simpleza de la escenografía esconde un trabajo descomunal de dirección de escena que hace de la propuesta su punto fuerte. Encontramos momentos de delicia etérea y otros de sobrecogedora opresión.

En cuanto al reparto, nada más comenzar nos encontramos con la mala noticia de la sustitución, por indisposición, del tenor letón Aleksandrs Antonenko. Aun no siendo santo de mi devoción, no dejaba de ser el papel masculino protagonista. En su lugar tuvimos a Sergey Polyakov que debutaba en el ROH. Sin ensañarme con el sustituto, vocalmente fue lo peor de la noche. No era fácil estar a la altura con un reparto de este nivel y de forma sobrevenida, pero el tenor ruso dio irritantes muestras de falta de musicalidad que compensó con entrega y alardes de potencia vocal. A buen seguro, Antonenko habría sido también la pata más coja del elenco. La soprano holandesa Eva-Maria Westbroek cumplió con creces en el rol de Liza, demostrando la seguridad y solvencia habituales pero acusando, en ocasiones, ese vibrato que lamentablemente ya le acompaña desde hace algunos años. Destacada actuación vocal del bajo búlgaro Vladimir Stoyanov, como Príncipe Yeletski, en su aria del segundo acto y muy exigido en su faceta actoral, por su presencia en escena a lo largo de toda la obra, pues fue el designado para encarnar el personaje de Tckaikovsky caracterizado como tal. La veterana mezzosoprano británica Felicity Palmer fue una Condesa de muchos quilates. Brilló con luz propia en su Je crains de lui parler la nuit a pesar de estar mermada físicamente por su brazo escayolado. Siguiendo con talento vocal hay que mencionar al barítono sueco John Lundgren bordando su rol de Conde Tomski sin despeinarse. Su voz redonda y bella merece ser puesta en valor. También me causó gran impresión la mezzosoprano rusa Anna Goryachova como Pauline. Su voz y su actuación invitan a verla en un papel de más relevancia. Del resto del reparto todos estuvieron correctos.

El coro del ROH, concretamente de mujeres, pudo estar mejor en la primera intervención del primer acto, pero en adelante fueron un valor seguro como es habitual en la casa. Tienen un papel importante en la obra y fueron partícipes de forma notable de las exigencias dinámicas del director de escena. Sobresaliente el coro de niños del primer acto.

La dirección de la orquesta a cargo de Antonio Pappano fue soberbia. No percibí ningún momento de debilidad sino brillantez y acierto en los tempos. No en vano se caracteriza por su buen entendimiento con los cantantes y esta orquesta, de la que es titular, suele volar entusiasta bajo su batuta.

En definitiva, esta Dama de picas, con un Tchaikovsky más protagonista que nunca, ofreció una idea novedosa, sin cabos sueltos, que funciona a la perfección. Esta propuesta, que no gozará de la simpatía de todos, aporta una nueva perspectiva y supone un valor añadido a la hora de disfrutar de la obra. Bienvenida sea.


LA DAMA DE PICAS de Pyotr Ilyich Tchaikovsky

Hermann
Sergey Polyakov
Liza
Eva-Maria Westbroek
Príncipe Yeletski
Vladimir Stoyanov
La Condesa
Felicity Palmer
Conde Tomski
John Lundgren
Pauline
Anna Goryachova
Tchekalinski
Alexander Kravets

Director
Antonio Pappano
Director de escena
Stefan Herheim
Diseño
Philipp Fürhofer


Royal Opera House, Londres, 22 de enero de 2019

21 de enero de 2019

Próximamente en cines: La dama de picas, 22 de enero, ROH

Vuelvo a las retransmisiones en directo de ópera en el cine. Será la primera vez en esta temporada y la ocasión bien lo merece. El repertorio operístico me gusta definirlo gráficamente como las zonas del plano de un metro de cualquier gran ciudad. Me explico. En la zona 1, de ese plano de metro imaginario, encontraríamos las obras principales, las más conocidas y, en definitiva, a las que todo nuevo aficionado se acerca por primera vez. Me refiero a las Traviatas, Rigolettos, Bohemes, Toscas, Carmenes, Don Giovannis, etc., a lo largo y ancho del globo. Hay obras limítrofes y otras claramente en la zona 2, aunque no por demérito artístico sino más bien por desconocimiento popular o conservadurismo de los programadores. Situados, con este ejemplo ilustrativo, en esa segunda fila encontramos La dama de picas de Tchaikovsky. Esta ópera es la segunda en importancia y representaciones del compositor ruso, por detrás de Eugene Onegin que ya reseñé hace un par de temporadas. Vamos a desgranar lo que se nos viene este martes.



¿Cuándo?
Martes 22 de enero de 2019 a las 19:45, en directo desde el Royal Opera House de Londres. Retransmitido en más de 140 salas de cine por Versión Digital, distribuidora con los derechos de ROH en exclusiva. Podéis consultar las salas de cine asociadas aquí y comprar las entradas.

¿Qué?
La dama de picas es una ópera en tres actos de Pyotr Ilyich Tchaikovsky, con libreto en ruso de su hermano Modest Tchaikovsky, basado en un relato de Aleksandr Pushkin. La ópera se estrenó en el Teatro Mariinski de San Petesburgo en 1890 y en España no fue hasta diciembre de 1922 cuando pudo verse por primera vez en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona. La duración estimada es de 3 horas y 30 minutos, incluyendo un intermedio.

Personajes
La Condesa. Aristócrata rusa de misterioso pasado, pues se rumorea que ganó una fortuna jugando a las cartas, abuela de Liza. Papel para mezzosoprano o contralto, de tesitura baja y breves pero destacadas intervenciones.
Liza. Nieta de la Condesa, enamorada de Hermann. Papel para soprano lírica sin muchos problemas.
Hermann. Enamorado de Liza pero obsesionado por el secreto de la Condesa. Papel de tenor spinto o dramático de gran fuerza y ampliada extensión.
Pauline. Amiga de Liza. Papel para mezzosoprano de coloratura. Su rol incluye también el de la pantomima del acto II.
Conde Tomski. Amigo de Hermann. Papel secundario para barítono; canta también el papel de Plutón en la pantomima.
Príncipe Yeletski. Aristócrata y jugador. Papel para bajo.
La Gobernanta. Antigua nodriza de Liza. Papel para mezzosoprano.
Chloe. Papel para soprano, canta en la pantomima.
Mascha. Camarera. Papel mínimo para soprano.
Tchekalinski. Del grupo de compañeros de Hermann. Papel breve para tenor.
Surin. Papel pequeño para bajo.
Tchaplitski. Miembro del grupo. Pequeño rol para tenor.
Narumov. Miembro del grupo. Breve papel para bajo.
Maestro de ceremonias. Papel episódico para tenor.
Catalina II. Personaje mudo, hace una entrada solemne en el segundo acto.

Argumento (vía Wikipedia)
La acción se desarrolla en San Petesburgo, Rusia, a finales del siglo XVIII.

Acto 1
Escena 1:
La trama de la ópera gira en torno a Herman, un oficial del ejército. Durante el reinado de Catalina la Grande (1762–96). Los niños están jugando en el parque de verano de San Petersburgo fingiendo ser soldados. Entran dos oficiales — Surin y Chekalinski —, el primero quejándose sobre su mala suerte en el juego. Afirman que otro oficial, Herman, parece obsesionado con el juego, pero nunca apuesta, siendo frugal y metódico. Herman aparece con Tomski, quien afirma que su amigo difícilmente se parece al que solía ser: ¿hay algo que le preocupa? Herman admite que está enamorado de una chica por encima de él socialmente, cuyo nombre incluso desconoce. Cuando el príncipe Yeletski, un oficial, entra en el parque, Chekalinski lo felicita por su reciente compromiso. Yeletski declara su felicidad mientras que Herman, a un lado, lo maldice con envidia. Yeletski señala a su prometida, Lisa, quien acaba de aparecer con su abuela, la vieja Condesa, conocida una vez como la Venus de Moscú. Mirando a Herman con estremecedora intensidad, las dos mujeres se dan cuenta de que lo han visto antes. Herman se da cuenta de que Lisa es su amada desconocida. Cuando Yeletski y las mujeres se van, Herman se pierde en sus pensamientos, al tiempo que otros oficiales hablan de la Condesa: también conocida como la Dama de Picas, ella tuvo éxito en el juego en su juventud intercambiando favores amorosos para obtener la fórmula victoriosa del Conde St. Germain, en París. Tomski dice que sólo dos hombres, su marido y, más adelante, su joven amante, conocieron alguna vez su secreto, porque ella había sido advertida por una aparición de que se cuidara del "tercer pretendiente" que intentara sonsacársela. Meditando sobre las tres cartas mágicas, los otros sugieren con ligereza que semejante combinación resolvería los problemas de Herman. Amenazado por una tormenta que se aproxima, todos se marchan salvo Herman, quien jura que descubrirá el secreto de la Condesa.

Escena 2:
En casa, Lisa toca la espineta mientras ella y su amiga Pauline cantan un dúo sobre la tarde en el campo. Sus amigas le piden oír más, de manera que Pauline empieza a cantar una balada triste, seguida por una canción para bailar. Conforme se incrementa el entretenimiento, Lisa permanece aparte, pensativa. Un ama de llaves riñe a las muchachas por entretenerse con danzas folclóricas y pide a las visitantes que se vayan. Pauline, la última en irse, le pide a Lisa que se anime; Lisa responde que después de una tormenta hay una bella noche y pide a la doncella, Masha, que no cierre las ventanas francesas que dan al balcón. A solas, Lisa expresa su infelicidad con su compromiso; se ha conmovido por el aspecto romántico de un joven en el parque. Para su sorpresa, Herman aparece en el balcón. Pretendiendo que se va a pegar un tiro por su compromiso con otro, Herman le ruega que se apiade de él. Cuando se oye a la Condesa llamar, Lisa lo esconde y abre la puerta a la anciana, quien le dice que cierre las ventanas y se vaya a la cama. Después de que la Condesa se retira, Lisa pide a Herman que se vaya, pero se siente traicionada por sus sentimientos y se abrazan.

Acto 2
Escena 1:
No mucho después, en un baile de máscaras, los camaradas de Herman comentan su obsesión con el secreto de las cartas victoriosas. Yeletski entra con Lisa, notando su tristeza y asegurándole que la ama. Herman recibe una nota de Lisa, pidiéndole que se encuentre con ella más tarde. Surin y Chekalinski murmuran detrás de Herman que él es el "tercer pretendiente" que descubrirá el secreto de la Condesa, luego se pierden en la multitud, al tiempo que Herman se pregunta si estará oyendo cosas. El maestro de ceremonias anuncia un tableau de pastoras. Lisa le entrega a Herman la llave de la habitación de su abuela, diciéndole que la anciana no estará allí el día siguiente, pero Herman insiste en ir esa misma noche. Pensando que el destino le está entregando el secreto de la Condesa, se marcha. La atención de los invitados se centra en la inminente llegada de Catalina la Grande, para lo que se toca una polonesa de O. Kozlovski, que es entonada como saludo a la soberana.

Escena 2:
Herman entra en la habitación de la Condesa y mira fascinado su retrato de cuando era joven. Sus destinos, así lo siente, están unidos: uno de ellos morirá debido al otro. Se esconde cuando se acerca la anciana. La Condesa lamenta los modales de hoy y recuerda su juventud, cantando "Je crains de lui parler la nuit" (aria de Laurette) de la ópera Richard Coeur-de-lion de André Grétry. Mientras ella dormita, Herman se levanta ante ella. La Condesa se despierta horrorizada cuando él le ruega que le revele su secreto. Cuando ella queda sin habla, él se desespera y la amenaza con una pistola — ante lo que ella muere aterrorizada. Lisa entra apresuradamente, sólo para descubrir que el amante al que ella entregó su corazón estaba más interesado en el secreto de la Condesa. Ella le ordena que salga y cae llorando.

Acto 3
Escena 1:
En su habitación en los barracones, conforme aúlla el viento invernal, Herman lee una carta de Lisa, quien quiere encontrarse con él a medianoche a la orilla del río. Imagina que oye el coro cantando en el funeral de la vieja Condesa, luego se sobresalta por una llamada a la ventana. Aparece el fantasma de la vieja mujer, anunciando que, contra su deseo, ella le debe decir el secreto de manera que él pueda casarse y salvar a Lisa. Aturdido, Herman repite las tres cartas: tres, siete, as.

Escena 2:
Junto al canal de invierno, Lisa espera a Herman: ya es cerca de medianoche, y aunque ella se aferra a la vana esperanza de que él aún la ame, ella ve su juventud y felicidad perderse en la oscuridad. Al final él aparece, pero después de murmurar unas palabras tranquilizadoras, empieza a parlotear salvajemente sobre la Condesa y su secreto. Sin reconocer ya a Lisa, se apresura a salir. Dándose cuenta de que todo está perdido, ella se suicida.

Escena3:
En un tugurio, los oficiales compañeros de Herman están terminando la cena y preparándose a jugar al juego de cartas llamado 'faraón'. Yeletski, quien no ha jugado antes, se une al grupo debido a que su compromiso se ha roto: "desafortunado en el amor, afortunado en el juego." Tomski entretiene a los otros con una canción. Luego Chekalinski lidera una canción tradicional de jugadores. Sentándose para jugar, quedan sorprendidos cuando llega Herman, enloquecido y ausente. Yeletski intuye una confrontación y le pide a Tomski que sea su padrino si al final acaba produciéndose un duelo. Herman, que sólo pretende apostar, empieza con 40.000 rublos. Apuesta al tres y gana, disgustando a los otros con su expresión maníaca. Luego apuesta al siete y gana de nuevo. En este momento, toma una copa de vino y declara que la vida es sólo un juego. Yeletski acepta el desafío de apostar en la siguiente ronda. Herman apuesta al as, pero Yeletski le enseña la carta ganadora — la dama de picas. Viendo al fantasma de la Condesa riéndose ante su venganza, Herman se suicida y, antes de morir, pide el perdón de Yeletski y Lisa. Los otros rezan por su alma atormentada.

Discografía
La grabación que tengo y recomiendo es la de Wieslaw Ochman, Stefka Evstatieva, Penka Dilova, Yuri Mazurók, Stefania Toczyska, Ivan Konsulov. Bulgarian National Choir y Sofia Festival Orchestra dirigidos por Emil Tchakarov. Sony Classical 3 CD, grabado en estudio, 1990 (puede adquirirse vía Amazon aquí).


La dama de picas está considerada, como comenté anteriormente, la segunda ópera en importancia de Tchaikovsky tras Eugene Onegin. Según las estadísticas de Operabase aparece la nº 48 de las cien óperas más representadas en el período 2005-2010, siendo la 2ª en ruso y la 2ª también de Tchaikovsky.

¿Cómo?
Esta nueva producción que llega a la Royal Opera House está ambientada en 1890, el año del estreno de la ópera. La propuesta del director de escena Stefan Herheim ya ha cosechado buenas críticas en Ámsterdam y supone el estreno en el Covent Garden de Londres.

A los mandos de esta función encontraremos al director titular Antonio Pappano, normalmente garantía de calidad y entendimiento con los cantantes. Éstos, como no podía ser de otra manera en un escenario de este nivel, de primera línea. A saber, el tenor letón Aleksandrs Antonenko, que ya debutó en Londres en 2011, será Hermann; y la soprano holandesa Eva-Maria Westbroek, de larga trayectoria y actual referente en repertorio wagneriano, interpretará a Liza.

En definitiva, La dama de picas, a pesar de ser uno de los títulos imprescindibles de Tchaikovsky, será desconocida para muchos aficionados, bien por estar cantada en ruso o bien por ser menos programada que otras obras. Esta, sin duda, es una ocasión inmejorable para acercarse a esta obra maestra y disfrutar con la propuesta escénica, que a buen seguro estará a la altura de lo que la Royal Opera House nos tiene acostumbrados.

23 de abril de 2017

Ópera en el cine: Eugene Onegin MET 2016/17

Eugene Onegin - MET 2016/17

Esta ópera fue proyectada por Yelmo Cines en directo desde el Metropolitan Opera House de Nueva York, a las 19:00, hora española, ayer 22 de abril de 2017. El precio de la entrada fue de 21€.

Eugene Onegin es una ópera que destaca por su belleza musical. El talento sinfónico de Tchaikovsky esta presente y la sutileza de las melodías la convierte en una obra referente del romanticismo. Nos encontramos ante una drama costumbrista, sin grandes tragedias, al menos en el desenlace final, pero dotado de una gran carga dramática gracias a la partitura más que al libreto. A pesar de estar escrita en ruso, es una obra con tanto color que podría ser candidata para iniciarse en el género. Paso a analizar la función de ayer.

La producción, como ya se adelantó en la preparación previa, estuvo dirigida por la británica Deborah Warner. Su contribución es sinónimo de garantía y más sabiendo que es una producción que ya cosechó buenas críticas tres temporadas atrás en este mismo escenario. La puesta en escena es exquisita y cuida hasta el más mínimo detalle, un placer para los que gustan de una propuesta clásica y fiel al libreto. Por contra, este tipo de planteamientos dejan poco lugar a la imaginación o interpretación, pero no cabe duda que visualmente son muy atractivos.

La escenografía, a cargo de Tom Pye, fue profusa en todo momento. Muchos cambios de escenario y un despliegue técnico y logístico impresionante. Los ambientes muy bien diferenciados, a saber, la casa de los Larin, el salón de baile, el duelo a las afueras o el palacio en San Petesburgo fueron las ubicaciones donde se desarrollaron los acontecimientos. Como aspecto negativo, señalar que en algunas escenas, por ejemplo en la primera, la proyección de las voces cambiaba demasiado dependiendo de la dirección en la que cantara el personaje. Esto puede ser debido tanto al diseño de la escena como a la ubicación de los micrófonos. El vestuario de Chloe Obolensky a la altura de la producción, que es mucho decir. Ropajes de la época por doquier, con un nutrido coro y un cuerpo de baile a los que vestir. Mucha opulencia y, si se me permite la broma, mucha tela que cortar.

En líneas generales, esta producción de corte clásico y detallista impresiona por su exuberancia. Se aprecia un gran trabajo en la dirección para coordinar tantos elementos en escena: cantantes, bailarines, figurantes en segundo plano, por ejemplo en la escena del cumpleaños, y que en ningún momento de sensación de caos. Es una propuesta escénica que deslumbra al que se acerca a la ópera por primera vez.

En cuanto al reparto, encontramos nombres que ya de por sí llenan teatros. Es el caso de Anna Netrebko. Dice el dicho que “más vale caer en gracia que ser gracioso” y es que la soprano rusa, no exenta de talento, en mi opinión está sobrevalorada. Con ella no suele existir el término medio, hay quien la adora y hay quien no la soporta. Yo reconozco sus capacidades pero me resisto a verla como un referente en la cuerda de soprano. El rol de Tatyana tiene una evolución a lo largo de la obra que no desarrolló. Se le vio más cómoda en la interpretación del último acto, como miembro de la aristocracia rusa, papel de diva que le va como anillo al dedo, que como joven ingenua e idealista en el primer acto, donde estuvo claramente sobreactuada. Su voz es un cañón, por lo que su potencia vocal está fuera de discusión. Está capacitada en los pianísimos pero carece de sutileza, en demasiadas ocasiones suena muy ruda y carente de matices. El gran triunfador de la noche fue el barítono sueco Peter Mattei. Su voz es bella y natural, canta sin esfuerzo y con una técnica perfecta. Onegin brilló con luz propia en lo vocal y la actuación fue convincente, salvo en el último acto, en el que se le vio algo rígido y poco compenetrado con la Netrebko. La otra grata sorpresa fue la del, para mí desconocido, tenor ruso Alexey Dolgov, en el papel de Lenski y que exhibió poderío vocal e interpretativo. Defendió con más solvencia de la esperada sus momentos de protagonismo, como el Kuda, kuda, kuda vy udalilis antes del duelo y estuvo a la altura de los cantantes con más cartel. Decepcionante Stefan Kocán en su único y esperado momento de lucimiento en el último acto. El bajo eslovaco, si bien posee una voz rotunda, su técnica es deficiente y se sirvió de un vibrato un tanto molesto que impidió disfrutar de su Lyubvi vsye vozrasti pokorni. Del resto del reparto con papeles secundarios, la mezzosoprano Elena Maximova, como Olga, no destacó especialmente. Larissa Diadkova sí estuvo a buen nivel vocal y transmitió ternura en su interpretación de Filipyevna. Elana Zaremba, como Madame Larina, con un timbre desagradable y una voz engolada, fue una tortura. Tony Stevenson cumplió en su momento francés como Triquet. Por último destacar el papel ínfimo pero de bella factura vocal de Richard Bernstein como Zaretski.

El coro del MET sonó a todo trapo, como siempre, y salvo algún error de ajuste en el tiempo, más imputable al director que a ellos, estuvieron al nivel que acostumbran. Destacar el cuerpo de baile con números en cada uno de los tres actos, cordinación perfecta y vistosidad en las coreografías.

La dirección de la orquesta a cargo de Robin Ticciati fue espléndida, sobre todo en la obertura y en los interludios orquestales que son varios. La partitura requiere sutileza y él la tuvo. Los delicados vientos se deslizaron a lo largo de toda la obra. Por poner algún pero, se le descuadró el coro en dos ocasiones, en la primera intervención del primer acto y otra vez en el segundo. Aunque en general su trabajo fue muy destacado y derrochó entusiasmo. Por su juventud tiene un futuro muy prometedor.

En definitiva, Eugene Onegin es una ópera que se deja querer. Musicalmente es una maravilla que te lleva en volandas de principio a fin. El drama costumbrista está contado en escenas bien diferenciadas en tiempo y espacio lo que contribuye a la vistosidad de recrear distintos ambientes. La función de ayer, a pesar de los aspectos mejorables, me dejó un sabor agradable. Gracias por el regalo Tchaikovsky.

EUGENE ONEGIN de Pyotr Ilyich Tchaikovsky

Tatyana
Anna Netrebko
Onegin
Peter Mattei
Lenski
Alexey Dolgov
Olga
Elena Maximova
Madame Larina
Elena Zaremba
Filipyevna
Larissa Diadkova
Príncipe Gremin
Stefan Kocán
Triquet
Tony Stevenson
Zaretski
Richard Bernstein
Un capitán
David Crawford

Director
Robin Ticciati
Director de escena
Deborah Warner
Escenografía
Tom Pye
Diseño de vestuario
Chloe Obolensky

Metropolitan Opera House, Nueva York, 22 de abril de 2017

20 de abril de 2017

Próximamente en cines: Eugene Onegin, 22 de abril, MET

Esta ópera retransmitida en directo en el cine es una apuesta segura. La obra, una maravilla; los cantantes, de primer nivel; la producción, clásica y de reconocido prestigio. ¿Qué puede salir mal?



¿Cuándo?
Sábado 22 de abril de 2017 a las 18:55, en directo desde el Metropolitan Opera House de Nueva York. Retransmitido hasta en 19 ciudades españolas por Yelmo Cines, podéis consultar las salas de cine en las que se emitirá aquí y para el resto del mundo aquí. El precio de la entrada es de 21€.

¿Qué?
Eugene Onegin es una ópera en tres actos de Pyotr Ilyich Tchaikovsky, con libreto en ruso de Konstantin Shilovski y el propio compositor, basado en la novela homónima en verso de Aleksandr Pushkin, a la que es bastante fiel. La ópera se estrenó en el Colegio Imperial de Música de San Petesburgo en 1879 y no fue hasta setenta y seis años después cuando lo haría en España, en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona. La duración estimada es de 2 horas y 30 minutos.

Personajes
Eugene Onegin. Militar joven y presuntuoso, sólo tardíamente enamorado de Tatyana. Papel para barítono de tesitura alta.
Tatyana. Hija de Mme. Larina y enamorada de Eugene Onegin. Papel para soprano lírico-spinto que debe tener personalidad y resistencia.
Lenski. Amigo de Eugene Onegin, con quien se bate en duelo más tarde. Se requiere un tenor lírico.
Madame Larina. Madre de Tatyana. Papel para mezzosoprano sin grandes dificultades.
Olga. Hermana de Tatyana y enamorada de Lenski. Papel para contralto o mezzosoprano.
Filipyevna. Vieja criada de Mme. Larina y antigua nodriza de las hijas de la casa. Papel modesto para mezzosoprano.
Príncipe Gremin. Aristócrata maduro, esposo de Tatyana en el último acto, donde tiene un aria muy esperada y hermosa. Papel para bajo.
Triquet. Profesor de francés de Tatyana. Papel para tenor, sin otro relieve que el de su canción, en francés, del segundo acto.
Zaretski. Padrino del duelo de Lenski. Papel mínimo para bajo.
Un capitán. Papel ínfimo para bajo.
Coro. Con importantes intervenciones.

Argumento (vía Wikipedia)
La acción se desarrolla en el campo y en San Petesburgo, alrededor de 1820.

Acto 1
Escena 1: El jardín de la finca en el campo de los Larin
La señora Lárina, una dama rusa, y el aya están sentadas en el exterior. Sus dos hijas, Olga la joven y Tatiana la mayor, pueden oírse desde dentro de la casa. Un grupo de campesinos cantan una canción cómica sobre la serenata de la hija de un molinero. Olga es muy risueña mientras que Tatiana es muy melancólica. Tatiana está leyendo una novela romántica y está bastante absorta en ella, pero su madre le dice que la vida real es muy diferente a semejantes historias. Lenski y Oneguin, dos jóvenes, llegan hasta su casa. Lenski es un joven poeta de 18 años que está prometido con Olga, mientras que Oneguin, de 26 años, es un joven elegante y vividor, aunque agradable. Lenski presenta a Oneguin a la familia Larin. Oneguin al principio queda sorprendido de que Lenski haya elegido a la extrovertida Olga más que a su romántica hermana mayor. Tatiana, por su parte, se enamora de Oneguin inmediatamente.

Escena 2: Habitación de Tatiana
Tatiana confiesa a su aya que está enamorada. A solas en su habitación, decide escribir esa misma noche una carta declarándole su pasión, al darse cuenta de que está fatal e irreversiblemente atraída por él (la célebre "escena de la carta"). Cuando la anciana regresa, Tatiana le pide que envíen la carta a Oneguin.

Escena 3: Otra parte de la finca
Oneguin llega, ve a Tatiana y le da su respuesta a la carta. Le explica, que él no es un hombre que ame fácilmente y que no es apropiado para el matrimonio. Tatiana queda decepcionada e incapaz de responder.

Acto 2
Escena 1: El salón de baile en la casa de los Larin
Durante los festejos del cumpleaños de Tatiana, Oneguin está irritado con los campesinos que cotillean sobre él y Tatiana, y con Lenski por haberlo convencido de venir. Decide vengarse bailando y cortejando a Olga, su hermana, a la vista de todo el mundo. Lenski está celoso. Olga es insensible a su prometido y aparentemente se siente atraída por Oneguin. Hay una diversión, mientras un vecino francés llamado señor Triquet canta algunos pareados en honor de Tatiana, después de lo cual la pelea se hace más intensa. Lenski renuncia a su amistad con Oneguin en frente de todos los invitados, y le reta a un duelo, que el otro se ve obligado, con muchas dudas, a aceptar.

Escena 2: A las orillas boscosas de un río, primera hora de la mañana
Lenski está esperando a Oneguin, y canta sobre su inseguro destino y su amor por Olga. Llega Oneguin. Ambos son reacios a seguir adelante con el duelo, pero carecen de la capacidad para detenerlo. Oneguin dispara contra Lenski y lo mata.

Acto 3
Escena 1: En un baile en la casa de un rico noble en San Petersburgo
Han pasado varios años. Oneguin reflexiona sobre la vacuidad de su vida y su remordimiento por la muerte de Lenski. Entra el príncipe Gremin con su esposa, que no es otra que Tatiana, convertida en una gran dama de sociedad, una belleza aristocrática. Gremin canta de su gran felicidad con Tatiana, y los presenta. En este momento, Oneguin queda profundamente impresionado por Tatiana, siente que en realidad siempre estuvo enamorado de Tatiana, y quiere que ella le corresponda.

Escena 2: Sala de recepción en la casa del príncipe Gremin
Tatiana ha recibido una carta de Oneguin. Oneguin entra y le ruega que lo ame, que se apiade de él. Tatiana se pregunta por qué se siente él ahora atraído por ella. ¿Es debido a su posición social? Oneguin es firme al decir que su pasión es real y absoluta. Sin embargo, Tatiana le rechaza porque está ahora casada, aunque le confiesa que todavía lo ama. A pesar de su infelicidad sobre su matrimonio y la falta de pasión por su marido, ella le será fiel. Oneguin le ruega, pero al final ella se marcha. Se separan para siempre y Oneguin se enfrenta a su amargo y solitario destino.

Discografía
La grabación que tengo y recomiendo es la de Thomas Allen, Mirella Freni, Anne Sofie von Otter, Neil Shicoff, Paata Burchuladze. Rundfunkchor Leipzig y Staatskapelle Dresden dirigidos por James Levine. Deutsche Grammophon 2 CD, grabado en estudio, 1987 (puede adquirirse vía Amazon aquí).


Eugene Onegin es la ópera más conocida de Tchaikovsky, aunque La dama de picas también es una obra destacada. Según las estadísticas de Operabase aparece la nº 18 de las cien óperas más representadas en el período 2005-2010, siendo la 1ª en ruso y la 1ª también de Tchaikovsky.

¿Cómo?
Esta producción de la británica Deborah Warner ya fue ofrecida y retransmitida por el MET en la temporada 2013/14. Sólo tres temporadas se antoja poco tiempo como para que el teatro neoyorquino vuelva a ofrecer este título y la misma producción, en detrimento de otras óperas que serán representadas este año en Nueva York. La propuesta escénica es de corte clásico, aunque en vez de situada alrededor de 1820 como la concibió el compositor, lo hace a finales de 1870, periodo contemporáneo a Tckaikovsky y a los años en los que fue compuesta.

El joven director británico Robin Ticciati, que en 2011 con tan solo 28 años debutó en el teatro neoyorquino, estará a los mandos de la orquesta titular del MET. En cuanto al reparto, lamentamos la ausencia por problemas de salud del barítono Dmitri Hvorostovsky, que parece que en adelante no se prodigará en óperas representadas. En su lugar tendremos a otro nombre de garantías como el de Peter Mattei. Dejando a un lado las filias y las fobias que despierta, no cabe duda que la soprano rusa Anna Netrebko es una cantante de primer nivel y especialmente destacada en el repertorio ruso. Ella será la que interprete el rol de Tatyana. Su compatriota, la joven mezzosoprano Elena Maximova, será Olga, personaje con el que debutó en el MET en 2013. Completan el reparto el tenor Alexey Dolgov como Lenski y el bajo Stefan Kocán como el príncipe Gremin.

En definitiva, Eugene Onegin es la obra maestra de Tchaikovsky operísticamente hablando. Es una ópera romántica por excelencia y muy completa a todos los niveles: partitura, libreto, ambientación, trabajo coral y ballet. Esta producción, si bien no cuenta con el factor sorpresa, pues ya está editada en DVD/Blu-ray (puede adquirirse aquí), está muy cuidada y visualmente no escatima en detalles. El reparto es propio de las grandes citas. Veremos cómo resulta.