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31 de enero de 2019

Ópera en el cine: La traviata ROH 2018/19

La traviata - ROH 2018/19

Esta ópera fue retransmitida en directo desde la Royal Opera House de Londres y ofrecida por Versión Digital para España en más de 140 salas de cine, a las 19:45, hora española, ayer 30 de enero de 2019. Como ya he comentado alguna vez, estas retransmisiones en directo nos brindan la posibilidad de asistir a funciones de primer nivel de una forma cómoda y, a mi juicio, económica. El precio de la entrada, que puede estar sujeto a variación según la cadena de cines, ronda los 17€. En principio, superior al visionado de una película pero irrisorio si se tiene en cuenta el despliegue que requiere el espectáculo a presenciar. Si además la función está a la altura de la de ayer, bendeciremos cada euro invertido en el evento.

Tengo que agradecer al departamento de comunicación de Versión Digital la puesta a mi disposición de varias entradas para invitar a seguidores y amigos del blog a través de las redes sociales. En lo sucesivo, y a través de los canales habituales de Facebook y Twitter, seguiré informado de la forma de acceder a dichas invitaciones cuando estén disponibles.

La traviata, siempre será la traviata. Con esta obviedad, quiero ilustrar que, a diferencia del título menos conocido sobre el que escribí la semana pasada, La dama de picas, esta ópera de Verdi a nadie le es ajena. Al que no es aficionado, como poco, le sonará su archiconocido brindis Libiamo ne’ lieti calici, o las lágrimas y otros efluvios derramados por Julia Roberts en la película Pretty Woman. A los que sí lo somos, y la hemos visto y oído en numerosas ocasiones, siempre nos seduce la idea de volver a disfrutarla. En cada ocasión hay algún matiz o prisma distinto desde el que mirar, pero creedme si digo que ayer pudo verse una función de las que dejan huella. A continuación os desvelo el porqué.

La producción, como ya se adelantó en la preparación previa, estuvo dirigida por el británico Richard Eyre. Se trata de una propuesta de corte clásico que podríamos casi catalogar como histórica y es que desde su estreno en 1994 dirigida por Sir Georg Solti y protagonizada por Angela Gheorghiu, cuenta con 25 años a su espalda y multitud de representaciones. Incluso existe una grabación comercializada en DVD y Blu-ray con Renée Fleming, Joseph Calleja y Thomas Hampson que puede adquirirse vía Amazon aquí.

Con unos detalles de escenografía y vestuario muy cuidados podemos destacar en el primer acto el contraste que ofrece el salón de baile circular, muy concurrido en las escenas corales, e introspectivo en la soledad de Violetta. No ha corrido la misma suerte del paso digno de los años, la foto de la cortesana proyectada al comienzo sobre el telón mientras sonaba la obertura. Dibujó una atmósfera sórdida a la par que inquietante, poco representativa de lo que estaba por venir. En cambio, sí estuvieron en la línea de acierto del primer acto: la casa de campo a medio amueblar, como símbolo la vida que comenzaban juntos Alfredo y Violetta, la fiesta profusa de su amiga Flora, con sus gitanas y toreros, y la habitación de Violetta donde cantar los bellos recuerdos en su Addio del passato.

En líneas generales, esta producción, hará las delicias de cualquier aficionado amante de las propuestas fieles al libreto, que me consta que son muchos. Otros, entre los que me incluyo, aun disfrutando de las producciones más tradicionales, encajamos de buen grado cuando algún director de escena decide explorar, con coherencia y honestidad, aspectos nunca antes abordados en la obra, aportando un valor añadido al conjunto. Sobre este asunto me extendí en una entrada anterior titulada Cómo hemos cambiado: la evolución de la ópera.

En cuanto al reparto, la sola presencia en cartel de la soprano albanesa Ermonela Jaho, ya es sinónimo de éxito y anoche lo volvió a demostrar. A pesar de mi ya confesada debilidad, los adjetivos y elogios se quedan cortos ante su derroche de talento y entrega sobre el escenario. Lo que principalmente la caracteriza es su implicación a todos los niveles con el rol que le toque interpretar. Pero que esta seña de identidad no sirva para desviar la atención de su calidad vocal, que goza de un fraseo privilegiado y un pianísimo sobrecogedor. Su Violetta evolucionó como Verdi había diseñado, y como pocas sopranos son capaces de resolver, desde la ingenua jovialidad hasta el dramatismo más desgarrador. He tenido la suerte de verla cantar en directo y es impresionante ver como al final de la obra durante los aplausos aún sigue sobrecogida. El otro atractivo del reparto era el tenor, ahora en papeles de barítono, Plácido Domingo. Juzgarle en lo vocal creo que está fuera de lugar, pues con 78 años todo rol que interprete tiene un mérito descomunal. Aun así, como Georgio Germont dejó frases de bella factura y muestras de la maestría que atesora sobre el escenario. Las ovaciones que cosecha son más a la leyenda que ha sido, es y representa, que a su acierto en la función de turno. Hay que ir a verle porque no sabemos cuándo será su última vez. El tercer protagonista, del que no tenía referencias pero me dejó buenas sensaciones al final, fue el tenor norteamericano Charles Castronovo. Su Alfredo empezó con muchas dudas en el primer acto pero resolvió con suficiencia desde el segundo en adelante. Destacó su compenetración con la soprano y, aunque no estuvo a su excelso nivel, ambos nos regalaron momentos de extraordinaria belleza. Del resto del reparto mencionar a las mezzosopranos, por un lado la rusa Aigul Akhmetshina como Flora, con potencia vocal pero un timbre no muy agradable, y por otro la australiana Catherine Carby siendo una Annina madura pero solvente. Lujo mayúsculo en otros comprimarios, a saber, Simon Shibambu en el papel de Doctor Grenvil, Thomas Atkins en el de Gastone y Jeremy White como Marqués D’Obigny.

El coro del ROH, empezó algo descuadrado, circunstancia quizás imputable al debut del director al volante de este Ferrari que en el segundo acto galopó como nos tiene acostumbrados.

La dirección de la orquesta a cargo de Antonello Manacorda que, como he comentado, debutaba en Londres tuvo algún momento de debilidad que nos hizo añorar al referente del teatro Antonio Pappano. A pesar de esto, en líneas generales contribuyó con su dirección a confort de los cantantes, sobre todo atendiendo a las necesidades de Plácido Domingo, y puso su granito de arena para cerrar una noche fabulosa.

En definitiva, esta Traviata fue del todo disfrutable. Ermonela Jaho que, según reveló en la entrevista, ha cantado el rol unas doscientas veces, nos regaló otra actuación memorable que permanecerá grabada a fuego en la memoria de los presentes por mucho tiempo. Ya sea como Madama Butterfly, como Sour Angelica o como Violetta Valéry, no se cansa de nacer y morir y nosotros de hacerlo con ella. ¡Brava!


LA TRAVIATA de Giuseppe Verdi

Violeta Válery
Ermonela Jaho
Alfredo Germont
Charles Castronovo
Giorgio Germont
Plácido Domingo
Flora Berboix
Aigul Akhmetshina
Annina
Catherine Carby
Gastone
Thomas Atkins

Director
Antonello Manacorda
Director de escena
Richard Eyre
Diseño
Bob Crowley
IluminaciónJean Kalman

Royal Opera House, Londres, 30 de enero de 2019

28 de enero de 2019

Próximamente en cines: La traviata, 30 de enero, ROH

La actividad operocinematográfica no para y es que esta semana volvemos a tener una cita ineludible, otra vez, desde Londres. En esta ocasión, siguiendo con el símil de las estaciones de metro que propuse en la entrada sobre La dama de picas de Tckaikovsky, La traviata, no solo estaría en la zona 1 de ese plano imaginario, sino que podría considerarse como el centro neurálgico de nuestro mapa lírico. Esta ópera ha encabezado en multitud de temporadas lo más alto del ranking de los títulos más representados en todo el mundo. La función del próximo miércoles, además, cuenta con muchos ingredientes que la convierten en una apuesta segura. Como primera pincelada, menciono dos nombres: Ermonela Jaho y Plácido Domingo y al final de esta entrada os termino de pintar el cuadro.



¿Cuándo?
Miércoles 30 de enero de 2019 a las 19:45, en directo desde el Royal Opera House de Londres. Retransmitido en más de 140 salas de cine por Versión Digital, distribuidora con los derechos de ROH en exclusiva. Podéis consultar las salas de cine asociadas aquí y adquirir las entradas.

¿Qué?
La traviata es una ópera en tres actos de Giuseppe Verdi, con libreto en italiano de Francesco Maria Piave, basado en la novela y después obra teatral La dame aux camélias, de Alexandre Dumas hijo. La ópera se estrenó en el Teatro La Fenice, Venecia, en 1853 y en España, en el Teatro Real de Madrid en 1855. La duración estimada es de 3 horas y 35 minutos, incluyendo dos intermedios.

Personajes
Violetta Valéry. Célebre cortesana, posteriormente enamorada de Alfredo Germont. Papel para soprano de voz cambiante: ligera de coloratura en el primer acto, lírica o lírico-spinto en los tres restantes, se supone que para reflejar su transformación durante la obra.
Alfredo Germont. Joven burgués, enamorado de Violetta, e hijo de Giorgio Germont. Papel para tenor lírico o lírico-ligero.
Giorgio Germont. Padre de Alfredo, opuesto a su relación con Violetta. Papel para barítono lírico de gran efecto y con momentos destacados.
Annina. Criada de Violetta. Papel para soprano o mezzosoprano.
Flora Berboix. Amiga de Violetta. Papel vistoso pero poco importante para soprano o mezzosoprano.
Barón Douphol. Amante o protector oficial de Violetta, disgustado con Alfredo, se bate en duelo con él. Papel para barítono de poco relieve vocal.
Marqués D’Obigny. Protector de Flora. Papel insignificante para bajo.
Gastone. Vizconde de Letorières, impulsivo amigo de Violetta, animador de las fiestas. Papel vocalmente breve para tenor.
Doctor Grenville. Médico de Violetta. Papel modesto para bajo.
Joseph. Sirviente de Violetta. Papel mínimo para tenor.
Coro. Muy importante.
Ballet de gitanas y toreros. En casa de Flora.

Argumento (vía Wikipedia)
La acción se desarrolla en París y sus afueras, alrededor de 1850.

Acto 1: El salón en casa de Violetta
Violetta Valéry, una famosa cortesana, da una lujosa fiesta en su salón de París para celebrar su recuperación de una enfermedad. Uno de los últimos en llegar a la fiesta es Gastón, un conde, que llega acompañado de su amigo, el joven noble Alfredo Germont, el cual hacía tiempo que deseaba conocer a Violetta, pues la adoraba desde lejos. Mientras pasea por el salón, Gastón le dice a Violetta que Alfredo la ama, y que mientras ella estaba enferma, él la visitó a diario. Alfredo, una vez presentados, le expresa su preocupación por su delicada salud, y luego le declara su amor.
El barón, actual amante de Violetta, espera cerca para llevarla al salón donde le piden que haga un brindis, pero él lo rechaza, y la gente se vuelve a Alfredo (Alfredo, Violeta, coro: Libiamo ne' lieti calici — «Brindis»).
Desde la habitación vecina, se escucha el sonido de la orquesta, y los invitados se aproximan para bailar. Mareada, Violetta pide a sus invitados que vayan por delante y la dejen descansar hasta que se recupere. Mientras los invitados bailan en la habitación próxima, ella ve su palidez en el espejo. Alfredo entra y expresa su preocupación por su frágil salud, y más tarde le declara su amor (Alfredo, Violetta: Un dì, felice, eterea — «El día que te conocí»). Al principio, Violetta lo rechaza porque su amor no significa nada para ella, pero hay algo en Alfredo que le llega al corazón. Cuando él se marcha, le regala una camelia, y le dice que regrese cuando la flor se haya marchitado. Ella le promete reunirse con él al día siguiente.
Después de que los invitados se han marchado, Violetta analiza la posibilidad de una relación con amor verdadero (Violeta: Ah, fors'è lui — «Quizá sea él»). Finalmente, desecha la idea: necesita ser libre para vivir su vida, día y noche, de un placer a otro (Violetta: Sempre libera — «Siempre libre»). Desde fuera del escenario, la voz de Alfredo se oye cantando acerca del amor mientras baja por la calle.

Acto 2
Escena 1: En la casa de campo de Violetta en las afueras de París
Tres meses después, Alfredo y Violetta llevan una existencia tranquila en una casa de campo, en las afueras de París. Violetta se ha enamorado de Alfredo y ha abandonado completamente su estilo de vida. Alfredo canta su vida feliz juntos (Alfredo: De miei bollenti spiriti — «De mis salvajes sueños de éxtasis»). Annina, la doncella, llega desde París, y, cuando Alfredo le pregunta, le dice que ella fue allí a vender los caballos, los carruajes y todo lo que Violetta posee para apoyar su estilo de vida en el campo.
Al enterarse, Alfredo se siente abrumado y se dirige de inmediato a París para corregir la situación él mismo. Violetta regresa a casa y recibe una invitación de su amiga Flora a una fiesta en París, que será esa tarde. El padre de Alfredo, Giorgio Germont, llega a la casa y exige a Violetta que rompa su relación con su hijo por el bien de su familia, pues la suerte de su hermana ha sido destruida por su conexión con ella, ya que su reputación como cortesana compromete el nombre Germont (Giorgio: Pura siccome un angelo — «Tengo una hija pura como un ángel»). Mientras tanto, él queda impresionado por la nobleza de Violetta, algo que no esperaba de una cortesana. Ella le responde que no puede poner fin a su relación porque lo ama mucho, pero Giorgio le ruega por el bien de la familia. Violeta escucha, con un creciente remordimiento, las patéticas palabras del señor Germont y finalmente se muestra conforme (Violetta, Giorgio: Dite alla giovine — «Di a esa niña tuya») y dice adiós a Giorgio. En un gesto de gratitud por su bondad y sacrificio, Giorgio la besa en la frente antes de dejarla a solas llorando.
Violetta decide abandonar a su amado, y le deja a Annina una nota para Flora donde le dice que acepta la invitación a la fiesta y, mientras escribe su carta de despedida a Alfredo, entra éste. Apenas puede controlar su tristeza y sus lágrimas; le habla repetidamente de su amor incondicional (Violetta: Amami, Alfredo — «Ámame, Alfredo»). Antes de apresurar su partida a París, entrega la carta de despedida a su sirviente, para que se la entregue a Alfredo.
Pronto, los sirvientes le llevan la carta a Alfredo y, tan pronto como la ha leído, Giorgio regresa e intenta reconfortar a su hijo, recordándole a su familia en Provenza (Giorgio: Di Provenza il mar — «El mar de Provenza»). Alfredo sospecha que el barón está detrás de su separación con Violetta y de la invitación a la fiesta, que él encuentra en la mesa, fortaleciendo sus sospechas. Decide enfrentarse a Violetta en la fiesta. Giorgio intenta detener a Alfredo, pero él sale apresuradamente.

Escena 2: Fiesta en casa de Flora
En la fiesta, el marqués le dice a Flora que Violetta y Alfredo se han separado. Pide a los animadores que interpreten para los invitados (Coro: Noi siamo zingarelle — «Somos gitanillas»); (Coro: Di Madride noi siam mattadori — «Somos toreros de Madrid»). Gastone y sus amigos se unen a los toreros y cantan (Gastone, coro, bailarines: È Piquillo, un bel gagliardo — «Fue Piquillo, tan joven y gallardo»).
Para ahogar su pena, Violetta, se consume aún más profundamente en su libertinaje. Llega el barón Douphol. Ven a Alfredo en una mesa de juego. Cuando él la ve, Alfredo proclama en voz alta de que se llevará a Violetta a casa con él. Sintiéndose enojado, el barón se acerca a la mesa de juego y se une a él en el juego. Conforme apuestan, Alfredo gana grandes cantidades de dinero hasta que Flora anuncia que la cena está preparada. Alfredo se va con puñados de dinero.
Antes de que Alfredo abandone el salón, Violetta le pide hablar con él. Temiendo que la ira del barón le llevará a desafiar a Alfredo a un duelo, ella amablemente le pide a Alfredo que se marche. Alfredo confunde sus temores y se enfrenta a ella, exigiéndole que admita que ella ama al barón. Dolorida, ella lo admite y, furioso, Alfredo llama a los invitados para testificar lo que él tiene que decir (Questa donna conoscete? — «¿Conocéis a esta dama?»). La deshonra tirándole dinero que dice le debe por los servicios prestados mientras vivieron juntos, en frente de los invitados. Violetta se desmaya abrumada por la enfermedad y la pena. Los invitados riñen a Alfredo: «Vete de una vez, te despreciamos. Has insultado a una noble dama».
En busca de su hijo, Giorgio entra en el salón y, sabiendo el significado real de la escena, denuncia el comportamiento de su hijo (Giorgio, Alfredo, Violetta, coro: Di sprezzo degno, se stesso rende — «Digno de desprecio es el hombre»).
Flora y las damas intentan convencer a Violeta para que abandone el salón, pero esta se vuelve hacia Alfredo: Alfredo, Alfredo, di questo cuore non puoi comprendere tutto l'amore — «Alfredo, Alfredo, no puedes entender todo el amor de este corazón».

Acto 3
Algunos meses después de la fiesta, Violetta aparece en la cama debido al avance de la tuberculosis. El doctor Grenville le dice a Annina que Violetta no vivirá mucho puesto que su enfermedad ha empeorado. A solas en su habitación, Violeta lee una carta del señor Germont, en la que le dice que el barón sólo fue herido en su duelo con Alfredo; que ha informado a Alfredo del sacrificio que Violeta ha hecho por él y su hermana; y que él envía a su hijo a verla tan pronto como sea posible para pedir su perdón (Violetta: Teneste la promessa — «Habéis mantenido la promesa»). Pero Violetta siente que es demasiado tarde (Violetta: Addio del passato — «Así se cierra mi triste historia»).
Annina se apresura a la habitación para decir a Violetta que ha llegado Alfredo. Los amantes quedan reunidos y Alfredo sugiere que ellos abandonarán París (Alfredo, Violetta: Parigi, o cara, noi lasceremo — «Querida, dejaremos París»).
Pero es demasiado tarde: ella sabe que su tiempo se ha agotado (Alfredo, Violetta: Gran Dio! morir sì giovane — «¡Oh, Dios! Morir tan joven»). El padre de Alfredo entra con el médico, lamentando lo que ha hecho. Después de cantar un dúo con Alfredo, Violetta revive rápidamente, exclamando que el dolor y la incomodidad la han abandonado (Violetta, Alfredo, Germont, Anina, Grenvil: Prendi, quest'è l'immagine — «Toma, esta es la imagen de mis días pasados»). Un momento después, ella muere en brazos de Alfredo.

Discografía
Una de las grabaciones que tengo y recomiendo es la de Kiri Te Kanawa, Alfredo Kraus, Dmitri Hvorostovsky, Olga Borodina, Silvia Mazzoni. Coro y orquesta del Maggio Musicale Fiorentino dirigidos por Zubin Mehta. Philips 2 CD, grabado en estudio, 1992.


La traviata, por su calidad y popularidad, está considerada como una de las obras más importantes del repertorio operístico estándar. Tanto es así, que según las estadísticas de Operabase aparece la nº 1 de las más representadas en todo el mundo en numerosas temporadas, por ejemplo, 2007-2008 y 2011-2012, siendo la 1ª de italia y la 1ª de Verdi.

¿Cómo?
Esta bella producción naturalista de Richard Eyre hará las delicias que de los amantes de las propuestas más clásicas y fieles a la idea original. En un teatro de los recursos y posibilidades de la Royal Opera House será una garantía de éxito.

Como esbocé al principio, los grandes atractivos son la presencia de la soprano albanesa Ermonela Jaho, comprometida como pocas con cada rol que interpreta y con unas cualidades vocales sobresalientes. Reconozco que para mí es una debilidad. Por otro lado, tendremos el privilegio de volver a disfrutar de otra actuación de la leyenda viva, el tenor, ahora en papeles de barítono, Plácido Domingo. Veremos cómo está vocalmente, aunque ya hace mucho que se le disfruta como figura más que como cantante. Todas las funciones de esta producción estarán dirigidas por el italiano Antonello Manacorda que debuta en Londres, y no por el habitual Antonio Pappano.

En definitiva, La traviata, es una ópera que por muchas veces que se haya visto siempre sigue apeteciendo. Si no se es aficionado, se trata de uno de los dos o tres títulos más recomendables para acercarse al género. En esta ocasión, la presencia de Ermonela Jaho y Plácido Domingo deberían ser motivo suficiente para dejarse caer por el cine. Lo veremos y lo comentaremos.

26 de noviembre de 2018

La traviata en el Teatro Cervantes 2018/19

La traviata - Teatro Cervantes 2018/19

La 30 temporada lírica en Málaga se abría con un título de riesgo cero y más aún con un reparto encabezado por una diva, en toda la extensión del término, como la gran Ainhoa Arteta. La temporada, según esbocé en la anterior entrada, se presentaba muy prometedora y así lo ha confirmado esta primera piedra sobre la que habrá que seguir edificando, con sólidos argumentos, una programación anual digna de la sexta ciudad de España. Este buen camino, a mi juicio, no comienza ahora, sino que puso sus cimientos ya la temporada pasada con lo que bauticé como “efecto Turandot”.

A continuación, analizaré la función a la que asistí ayer domingo, no sin antes mencionar el éxito en taquilla, tanto de ésta como de la inaugural del viernes, y la apertura al público, previa invitación, del ensayo general. Ante tal circunstancia creo que cabría la posibilidad de plantearse programar un tercer pase entre semana y empezar a mirar de frente a otros teatros del panorama nacional.

La producción del Villamarta de Jerez, teatro hermano con el que se comparte bastante contenido, era de corte clásico. Vestuario, bailes, salones… todo lo esperado. Por tanto, en este sentido no cabe poner pega alguna, aunque tampoco se ofreció ninguna aportación novedosa que reinterpretara el drama verdiano. Si acaso, mencionar el manido recurso del espectro, visión o fantasmagoría al comienzo y final de la obra como álter ego de la protagonista. Una propuesta abierta a multitud de interpretaciones para cubrir el expediente de la originalidad por parte de la dirección de escena, en este caso, a cargo de Francisco López. Otra licencia desgraciada fue la incursión de un figurante ataviado con una cabeza de toro en el, ya de por sí plagado de clichés, coro de los toreros, que provocó un ridículo fuera de lugar. Aún no logro entender estos arrebatos de creatividad descontextualizados.

La escenografía fue adecuada a la propuesta con una iluminación muy cuidada. Interesante el fondo, en el primer y último acto, que, sin reflejar del todo, confería al conjunto sensación de amplitud. Calidez provenzal en el segundo acto cargada del espíritu campestre que caracteriza a este cuadro, siempre dentro del estatismo de muchas partes de la obra. El vestuario fue vistoso y acorde con el resto de la puesta en escena, con la merecida mención al trabajo del equipo de peluquería y maquillaje marca de la casa. El punto débil, a buen seguro, técnicamente insalvable, por las limitaciones del teatro, fueron las dilatadas pausas para los cambios de escenografía que dividieron, además de los tres actos, los dos cuadros del segundo. Casi sesenta minutos de pausa en total en una ópera de apenas dos horas de duración se antojan demasiados y hacen un flaco favor a la hora de mantener la tensión dramática de la obra.

En cuanto al reparto, el nombre de Ainhoa Arteta destacaba por encima del resto, todos ellos producto nacional. Muchos, seguramente, se acercaron al Cervantes movidos por el atractivo de ver a la guipuzcoana, con el acicate añadido de que sería su última interpretación como Violeta Valéry. Nadie puede discutir el talento descomunal de la soprano tolosarra pero, que ya no reúne las cualidades vocales para cantar este papel, es un hecho irrefutable. En el primer acto pasó verdaderos apuros para salvar dignamente la papeleta de los agudos, que no dio, y la agilidad requerida que no exhibió. Tiró de tablas y experiencia, que le sobran, para salir adelante a sabiendas de que su momento de lucimiento estaba por llegar. Así es este rol, el personaje evoluciona a lo largo de los tres actos pasando a requerir una soprano más dramática según avanza la obra. Por suerte para los asistentes la cosa mejoró y de qué manera. Ainhoa Arteta, a partir del segundo acto, empezó a coger vuelo y llegó a conmover con una interpretación comprometida y ya técnicamente portentosa. Un lujo para este teatro haber sido testigo de su última Violeta. El no menos conocido barítono onubense, Juan Jesús Rodríguez, fue el otro gran ovacionado de la noche. Su Giorgio Germont dejó claro que es uno de los grandes exponentes nacionales de esta cuerda. De voz bella y emisión incontestable cautivó al público con “Di Provenza il mar… “ en el segundo acto. El trío protagonista lo cerraba el tenor de crevillente, Antonio Gandía, que cantó por momentos un Alfredo muy disfrutable. A su actuación le faltó algo de redondez en comparación con la del barítono protagonista y los quilates de la soprano. Aun así, me gustó bastante pues no ha sido tan frecuente ver tenores de este nivel en temporadas anteriores. De los secundarios destacar a dos cantantes de la ciudad como son el tenor Luis Pacetti, en el rol de Gastone, con voz y presencia suficientes para este tipo de papeles y la joven promesa malagueña, la soprano Alba Chantar en el papel de Annina.

El Coro de Ópera de Málaga sufrió, en el primer acto, las consecuencias de una dirección a la medida por las dificultades expuestas anteriormente de la soprano. En el segundo acto, libre de ese corsé, se desató mostrando todo el potencial que es capaz de desencadenar sobre un escenario. Su director Salvador Vázquez volvió a salir reforzado como artífice de que el nivel de este grupo no decaiga.

La dirección de la Orquesta Filarmónica de Málaga a cargo de José María Moreno tuvo algunos altibajos ya señalados. Un director musical debe demostrar personalidad y a la vez velar porque todo funcione. Las exigencias o necesidades vocales de la soprano en el primer acto le obligaron a un tempo tan soporífero que hizo languidecer la línea musical. En otros momentos sí consiguió sacar todo el partido a la gran orquesta que tenía entre manos. En líneas generales una dirección ortodoxa que contribuyó al éxito de la velada.

En definitiva, La traviata supuso una inauguración grandiosa de esta nueva temporada lírica de cifra tan redonda en Málaga. El público, que asaltó las taquillas en pocas horas, vio colmadas sus expectativas como así lo atestiguó la rotunda ovación final que otorgó a los cantantes. Que siga la fiesta.

LA TRAVIATA de Giuseppe Verdi

Violeta Válery
Ainhoa Arteta
Alfredo Germont
Antonio Gandía
Giorgio Germont
Juan Jesús Rodríguez
Flora Berboix
Mónica Campaña
Annina
Alba Chantar
Gastone
Luis Pacetti

Director
José María Moreno
Director de escena
Francisco López
Escenografía
Teatro Villamarta
Diseño de vestuario
Azucena Rico y Cornejo

Teatro Cervantes, Málaga, 25 de noviembre de 2018

Foto de Daniel Pérez

20 de noviembre de 2018

30 Temporada Lírica en Málaga. Stage 1: La traviata

Ainhoa Arteta - Presentación de La traviata

Así de redondo suena y así de contundente se ha programado. Una cifra nada desdeñable estos 30 años de lírica en Málaga. A lo largo de este periodo ha habido de todo, como en botica, aunque servidor puede hablar con conocimiento de causa, desde que tiene edad y “conciencia lírica”, de la última década.

En alguna entrada futura hablaré sobre el estado de salud de la lírica a nivel global, en el caso que nos ocupa, la trataré desde el punto de vista local. En Málaga la lírica gusta y en el Teatro Cervantes, su residencia, la lírica llena. Esto no es chovinismo sino conocimiento empírico. Muestra de ello es que, según la información facilitada por la gerencia, se ha colgado el cartel de “no hay billetes” para las dos funciones programadas de La traviata, este viernes y domingo, días 23 y 25 de noviembre respectivamente. Tanto es así que se van a ofrecer invitaciones para asistir al ensayo general mañana miércoles. Esta circunstancia no es la primera vez que ocurre. Quizás iría siendo hora de plantearse programar una tercera función, que con seguridad tendría buena acogida entre el público y permitiría seguir creciendo para aspirar a jugar en la liga de los teatros del siguiente nivel.

Aquí he venido a comentar el primer título de la trigésima temporada, La traviata, antes repasaré el resto y los motivos que la hacen tan singular con respecto a las anteriores. Las dos propuestas que acompañarán a la ópera más popular, según las estadísticas de representaciones, también serán de Giuseppe Verdi, a saber, Aida y Otello, en marzo y mayo, respectivamente. Tener tres títulos en la temporada malagueña ya es una conquista pues, tras la 29ª del año pasado, atrás quedó la larga travesía del desierto por la que nos conminaron a vagar con tan solo dos oasis por temporada y siendo alguno de ellos un verdadero espejismo.

En esta ocasión, los títulos archiconocidos y la sobredosis de Verdi no son el principal atractivo, al menos para mí. Los nombres propios en los distintos repartos, son los que deberían hacer al público tirarse a degüello a por una entrada, o un abono si gusta asistir a las tres citas. La soprano tolosarra Ainhoa Arteta será el lujo en La traviata; el fantástico trío de Telón Producciones: Maribel Ortega, Mali Corbacho y Luis Cansino, lucirán en Aida; y la primera división, por retomar el símil deportivo, nos visitará con Jorge de León, Rocío Ignacio y nuestro inconmensurable Carlos Álvarez en Otello.

Volviendo ya a la primera cita que nos sobreviene este fin de semana, La traviata, tendremos una de las óperas, por la popularidad mencionada, más recomendadas para iniciarse en el género. Y es que el drama basado en la novela de Alexandre Dumas (hijo), La dama de las camelias, según las estadísticas elaboradas por Operabase se sitúa en lo más alto de la lista de las más representadas en todo el mundo.

Las venturas y desventuras que sucederán a Violetta Valéry y Alfredo Germont a lo largo de los tres actos, se presentan en Málaga en una producción de corte clásico estrenada en el Teatro Villamarta de Jerez. A este respecto nada novedoso que a priori funcionará. En lo vocal, el gran atractivo será presencia en el reparto de Ainhoa Arteta que con una voz de soprano lírico-spinto tendrá que pasar el examen del primer acto. Las expectativas también estarán puestas en el onubense Juan Jesús Rodríguez en el rol de Giorgio Germont, padre de Alfredo. Este barítono verdiano debutó en 2016 en el MET de Nueva York y es uno de los principales exponentes de este repertorio en nuestro país. Por último, de entre los principales, el tenor Antonio Gandía interpretará a Alfredo. Además de la Orquesta Filarmónica de Málaga dirigida, en esta ocasión, por el mallorquín José María Moreno contaremos con la garantía del Coro de Ópera de Málaga con su director a la cabeza, Salvador Vázquez.

Los mimbres están, veremos si el resultado es el esperado. En cualquier caso, aquí estaré para contarlo.