31 de enero de 2019

Ópera en el cine: La traviata ROH 2018/19

La traviata - ROH 2018/19

Esta ópera fue retransmitida en directo desde la Royal Opera House de Londres y ofrecida por Versión Digital para España en más de 140 salas de cine, a las 19:45, hora española, ayer 30 de enero de 2019. Como ya he comentado alguna vez, estas retransmisiones en directo nos brindan la posibilidad de asistir a funciones de primer nivel de una forma cómoda y, a mi juicio, económica. El precio de la entrada, que puede estar sujeto a variación según la cadena de cines, ronda los 17€. En principio, superior al visionado de una película pero irrisorio si se tiene en cuenta el despliegue que requiere el espectáculo a presenciar. Si además la función está a la altura de la de ayer, bendeciremos cada euro invertido en el evento.

Tengo que agradecer al departamento de comunicación de Versión Digital la puesta a mi disposición de varias entradas para invitar a seguidores y amigos del blog a través de las redes sociales. En lo sucesivo, y a través de los canales habituales de Facebook y Twitter, seguiré informado de la forma de acceder a dichas invitaciones cuando estén disponibles.

La traviata, siempre será la traviata. Con esta obviedad, quiero ilustrar que, a diferencia del título menos conocido sobre el que escribí la semana pasada, La dama de picas, esta ópera de Verdi a nadie le es ajena. Al que no es aficionado, como poco, le sonará su archiconocido brindis Libiamo ne’ lieti calici, o las lágrimas y otros efluvios derramados por Julia Roberts en la película Pretty Woman. A los que sí lo somos, y la hemos visto y oído en numerosas ocasiones, siempre nos seduce la idea de volver a disfrutarla. En cada ocasión hay algún matiz o prisma distinto desde el que mirar, pero creedme si digo que ayer pudo verse una función de las que dejan huella. A continuación os desvelo el porqué.

La producción, como ya se adelantó en la preparación previa, estuvo dirigida por el británico Richard Eyre. Se trata de una propuesta de corte clásico que podríamos casi catalogar como histórica y es que desde su estreno en 1994 dirigida por Sir Georg Solti y protagonizada por Angela Gheorghiu, cuenta con 25 años a su espalda y multitud de representaciones. Incluso existe una grabación comercializada en DVD y Blu-ray con Renée Fleming, Joseph Calleja y Thomas Hampson que puede adquirirse vía Amazon aquí.

Con unos detalles de escenografía y vestuario muy cuidados podemos destacar en el primer acto el contraste que ofrece el salón de baile circular, muy concurrido en las escenas corales, e introspectivo en la soledad de Violetta. No ha corrido la misma suerte del paso digno de los años, la foto de la cortesana proyectada al comienzo sobre el telón mientras sonaba la obertura. Dibujó una atmósfera sórdida a la par que inquietante, poco representativa de lo que estaba por venir. En cambio, sí estuvieron en la línea de acierto del primer acto: la casa de campo a medio amueblar, como símbolo la vida que comenzaban juntos Alfredo y Violetta, la fiesta profusa de su amiga Flora, con sus gitanas y toreros, y la habitación de Violetta donde cantar los bellos recuerdos en su Addio del passato.

En líneas generales, esta producción, hará las delicias de cualquier aficionado amante de las propuestas fieles al libreto, que me consta que son muchos. Otros, entre los que me incluyo, aun disfrutando de las producciones más tradicionales, encajamos de buen grado cuando algún director de escena decide explorar, con coherencia y honestidad, aspectos nunca antes abordados en la obra, aportando un valor añadido al conjunto. Sobre este asunto me extendí en una entrada anterior titulada Cómo hemos cambiado: la evolución de la ópera.

En cuanto al reparto, la sola presencia en cartel de la soprano albanesa Ermonela Jaho, ya es sinónimo de éxito y anoche lo volvió a demostrar. A pesar de mi ya confesada debilidad, los adjetivos y elogios se quedan cortos ante su derroche de talento y entrega sobre el escenario. Lo que principalmente la caracteriza es su implicación a todos los niveles con el rol que le toque interpretar. Pero que esta seña de identidad no sirva para desviar la atención de su calidad vocal, que goza de un fraseo privilegiado y un pianísimo sobrecogedor. Su Violetta evolucionó como Verdi había diseñado, y como pocas sopranos son capaces de resolver, desde la ingenua jovialidad hasta el dramatismo más desgarrador. He tenido la suerte de verla cantar en directo y es impresionante ver como al final de la obra durante los aplausos aún sigue sobrecogida. El otro atractivo del reparto era el tenor, ahora en papeles de barítono, Plácido Domingo. Juzgarle en lo vocal creo que está fuera de lugar, pues con 78 años todo rol que interprete tiene un mérito descomunal. Aun así, como Georgio Germont dejó frases de bella factura y muestras de la maestría que atesora sobre el escenario. Las ovaciones que cosecha son más a la leyenda que ha sido, es y representa, que a su acierto en la función de turno. Hay que ir a verle porque no sabemos cuándo será su última vez. El tercer protagonista, del que no tenía referencias pero me dejó buenas sensaciones al final, fue el tenor norteamericano Charles Castronovo. Su Alfredo empezó con muchas dudas en el primer acto pero resolvió con suficiencia desde el segundo en adelante. Destacó su compenetración con la soprano y, aunque no estuvo a su excelso nivel, ambos nos regalaron momentos de extraordinaria belleza. Del resto del reparto mencionar a las mezzosopranos, por un lado la rusa Aigul Akhmetshina como Flora, con potencia vocal pero un timbre no muy agradable, y por otro la australiana Catherine Carby siendo una Annina madura pero solvente. Lujo mayúsculo en otros comprimarios, a saber, Simon Shibambu en el papel de Doctor Grenvil, Thomas Atkins en el de Gastone y Jeremy White como Marqués D’Obigny.

El coro del ROH, empezó algo descuadrado, circunstancia quizás imputable al debut del director al volante de este Ferrari que en el segundo acto galopó como nos tiene acostumbrados.

La dirección de la orquesta a cargo de Antonello Manacorda que, como he comentado, debutaba en Londres tuvo algún momento de debilidad que nos hizo añorar al referente del teatro Antonio Pappano. A pesar de esto, en líneas generales contribuyó con su dirección a confort de los cantantes, sobre todo atendiendo a las necesidades de Plácido Domingo, y puso su granito de arena para cerrar una noche fabulosa.

En definitiva, esta Traviata fue del todo disfrutable. Ermonela Jaho que, según reveló en la entrevista, ha cantado el rol unas doscientas veces, nos regaló otra actuación memorable que permanecerá grabada a fuego en la memoria de los presentes por mucho tiempo. Ya sea como Madama Butterfly, como Sour Angelica o como Violetta Valéry, no se cansa de nacer y morir y nosotros de hacerlo con ella. ¡Brava!


LA TRAVIATA de Giuseppe Verdi

Violeta Válery
Ermonela Jaho
Alfredo Germont
Charles Castronovo
Giorgio Germont
Plácido Domingo
Flora Berboix
Aigul Akhmetshina
Annina
Catherine Carby
Gastone
Thomas Atkins

Director
Antonello Manacorda
Director de escena
Richard Eyre
Diseño
Bob Crowley
IluminaciónJean Kalman

Royal Opera House, Londres, 30 de enero de 2019

28 de enero de 2019

Próximamente en cines: La traviata, 30 de enero, ROH

La actividad operocinematográfica no para y es que esta semana volvemos a tener una cita ineludible, otra vez, desde Londres. En esta ocasión, siguiendo con el símil de las estaciones de metro que propuse en la entrada sobre La dama de picas de Tckaikovsky, La traviata, no solo estaría en la zona 1 de ese plano imaginario, sino que podría considerarse como el centro neurálgico de nuestro mapa lírico. Esta ópera ha encabezado en multitud de temporadas lo más alto del ranking de los títulos más representados en todo el mundo. La función del próximo miércoles, además, cuenta con muchos ingredientes que la convierten en una apuesta segura. Como primera pincelada, menciono dos nombres: Ermonela Jaho y Plácido Domingo y al final de esta entrada os termino de pintar el cuadro.



¿Cuándo?
Miércoles 30 de enero de 2019 a las 19:45, en directo desde el Royal Opera House de Londres. Retransmitido en más de 140 salas de cine por Versión Digital, distribuidora con los derechos de ROH en exclusiva. Podéis consultar las salas de cine asociadas aquí y adquirir las entradas.

¿Qué?
La traviata es una ópera en tres actos de Giuseppe Verdi, con libreto en italiano de Francesco Maria Piave, basado en la novela y después obra teatral La dame aux camélias, de Alexandre Dumas hijo. La ópera se estrenó en el Teatro La Fenice, Venecia, en 1853 y en España, en el Teatro Real de Madrid en 1855. La duración estimada es de 3 horas y 35 minutos, incluyendo dos intermedios.

Personajes
Violetta Valéry. Célebre cortesana, posteriormente enamorada de Alfredo Germont. Papel para soprano de voz cambiante: ligera de coloratura en el primer acto, lírica o lírico-spinto en los tres restantes, se supone que para reflejar su transformación durante la obra.
Alfredo Germont. Joven burgués, enamorado de Violetta, e hijo de Giorgio Germont. Papel para tenor lírico o lírico-ligero.
Giorgio Germont. Padre de Alfredo, opuesto a su relación con Violetta. Papel para barítono lírico de gran efecto y con momentos destacados.
Annina. Criada de Violetta. Papel para soprano o mezzosoprano.
Flora Berboix. Amiga de Violetta. Papel vistoso pero poco importante para soprano o mezzosoprano.
Barón Douphol. Amante o protector oficial de Violetta, disgustado con Alfredo, se bate en duelo con él. Papel para barítono de poco relieve vocal.
Marqués D’Obigny. Protector de Flora. Papel insignificante para bajo.
Gastone. Vizconde de Letorières, impulsivo amigo de Violetta, animador de las fiestas. Papel vocalmente breve para tenor.
Doctor Grenville. Médico de Violetta. Papel modesto para bajo.
Joseph. Sirviente de Violetta. Papel mínimo para tenor.
Coro. Muy importante.
Ballet de gitanas y toreros. En casa de Flora.

Argumento (vía Wikipedia)
La acción se desarrolla en París y sus afueras, alrededor de 1850.

Acto 1: El salón en casa de Violetta
Violetta Valéry, una famosa cortesana, da una lujosa fiesta en su salón de París para celebrar su recuperación de una enfermedad. Uno de los últimos en llegar a la fiesta es Gastón, un conde, que llega acompañado de su amigo, el joven noble Alfredo Germont, el cual hacía tiempo que deseaba conocer a Violetta, pues la adoraba desde lejos. Mientras pasea por el salón, Gastón le dice a Violetta que Alfredo la ama, y que mientras ella estaba enferma, él la visitó a diario. Alfredo, una vez presentados, le expresa su preocupación por su delicada salud, y luego le declara su amor.
El barón, actual amante de Violetta, espera cerca para llevarla al salón donde le piden que haga un brindis, pero él lo rechaza, y la gente se vuelve a Alfredo (Alfredo, Violeta, coro: Libiamo ne' lieti calici — «Brindis»).
Desde la habitación vecina, se escucha el sonido de la orquesta, y los invitados se aproximan para bailar. Mareada, Violetta pide a sus invitados que vayan por delante y la dejen descansar hasta que se recupere. Mientras los invitados bailan en la habitación próxima, ella ve su palidez en el espejo. Alfredo entra y expresa su preocupación por su frágil salud, y más tarde le declara su amor (Alfredo, Violetta: Un dì, felice, eterea — «El día que te conocí»). Al principio, Violetta lo rechaza porque su amor no significa nada para ella, pero hay algo en Alfredo que le llega al corazón. Cuando él se marcha, le regala una camelia, y le dice que regrese cuando la flor se haya marchitado. Ella le promete reunirse con él al día siguiente.
Después de que los invitados se han marchado, Violetta analiza la posibilidad de una relación con amor verdadero (Violeta: Ah, fors'è lui — «Quizá sea él»). Finalmente, desecha la idea: necesita ser libre para vivir su vida, día y noche, de un placer a otro (Violetta: Sempre libera — «Siempre libre»). Desde fuera del escenario, la voz de Alfredo se oye cantando acerca del amor mientras baja por la calle.

Acto 2
Escena 1: En la casa de campo de Violetta en las afueras de París
Tres meses después, Alfredo y Violetta llevan una existencia tranquila en una casa de campo, en las afueras de París. Violetta se ha enamorado de Alfredo y ha abandonado completamente su estilo de vida. Alfredo canta su vida feliz juntos (Alfredo: De miei bollenti spiriti — «De mis salvajes sueños de éxtasis»). Annina, la doncella, llega desde París, y, cuando Alfredo le pregunta, le dice que ella fue allí a vender los caballos, los carruajes y todo lo que Violetta posee para apoyar su estilo de vida en el campo.
Al enterarse, Alfredo se siente abrumado y se dirige de inmediato a París para corregir la situación él mismo. Violetta regresa a casa y recibe una invitación de su amiga Flora a una fiesta en París, que será esa tarde. El padre de Alfredo, Giorgio Germont, llega a la casa y exige a Violetta que rompa su relación con su hijo por el bien de su familia, pues la suerte de su hermana ha sido destruida por su conexión con ella, ya que su reputación como cortesana compromete el nombre Germont (Giorgio: Pura siccome un angelo — «Tengo una hija pura como un ángel»). Mientras tanto, él queda impresionado por la nobleza de Violetta, algo que no esperaba de una cortesana. Ella le responde que no puede poner fin a su relación porque lo ama mucho, pero Giorgio le ruega por el bien de la familia. Violeta escucha, con un creciente remordimiento, las patéticas palabras del señor Germont y finalmente se muestra conforme (Violetta, Giorgio: Dite alla giovine — «Di a esa niña tuya») y dice adiós a Giorgio. En un gesto de gratitud por su bondad y sacrificio, Giorgio la besa en la frente antes de dejarla a solas llorando.
Violetta decide abandonar a su amado, y le deja a Annina una nota para Flora donde le dice que acepta la invitación a la fiesta y, mientras escribe su carta de despedida a Alfredo, entra éste. Apenas puede controlar su tristeza y sus lágrimas; le habla repetidamente de su amor incondicional (Violetta: Amami, Alfredo — «Ámame, Alfredo»). Antes de apresurar su partida a París, entrega la carta de despedida a su sirviente, para que se la entregue a Alfredo.
Pronto, los sirvientes le llevan la carta a Alfredo y, tan pronto como la ha leído, Giorgio regresa e intenta reconfortar a su hijo, recordándole a su familia en Provenza (Giorgio: Di Provenza il mar — «El mar de Provenza»). Alfredo sospecha que el barón está detrás de su separación con Violetta y de la invitación a la fiesta, que él encuentra en la mesa, fortaleciendo sus sospechas. Decide enfrentarse a Violetta en la fiesta. Giorgio intenta detener a Alfredo, pero él sale apresuradamente.

Escena 2: Fiesta en casa de Flora
En la fiesta, el marqués le dice a Flora que Violetta y Alfredo se han separado. Pide a los animadores que interpreten para los invitados (Coro: Noi siamo zingarelle — «Somos gitanillas»); (Coro: Di Madride noi siam mattadori — «Somos toreros de Madrid»). Gastone y sus amigos se unen a los toreros y cantan (Gastone, coro, bailarines: È Piquillo, un bel gagliardo — «Fue Piquillo, tan joven y gallardo»).
Para ahogar su pena, Violetta, se consume aún más profundamente en su libertinaje. Llega el barón Douphol. Ven a Alfredo en una mesa de juego. Cuando él la ve, Alfredo proclama en voz alta de que se llevará a Violetta a casa con él. Sintiéndose enojado, el barón se acerca a la mesa de juego y se une a él en el juego. Conforme apuestan, Alfredo gana grandes cantidades de dinero hasta que Flora anuncia que la cena está preparada. Alfredo se va con puñados de dinero.
Antes de que Alfredo abandone el salón, Violetta le pide hablar con él. Temiendo que la ira del barón le llevará a desafiar a Alfredo a un duelo, ella amablemente le pide a Alfredo que se marche. Alfredo confunde sus temores y se enfrenta a ella, exigiéndole que admita que ella ama al barón. Dolorida, ella lo admite y, furioso, Alfredo llama a los invitados para testificar lo que él tiene que decir (Questa donna conoscete? — «¿Conocéis a esta dama?»). La deshonra tirándole dinero que dice le debe por los servicios prestados mientras vivieron juntos, en frente de los invitados. Violetta se desmaya abrumada por la enfermedad y la pena. Los invitados riñen a Alfredo: «Vete de una vez, te despreciamos. Has insultado a una noble dama».
En busca de su hijo, Giorgio entra en el salón y, sabiendo el significado real de la escena, denuncia el comportamiento de su hijo (Giorgio, Alfredo, Violetta, coro: Di sprezzo degno, se stesso rende — «Digno de desprecio es el hombre»).
Flora y las damas intentan convencer a Violeta para que abandone el salón, pero esta se vuelve hacia Alfredo: Alfredo, Alfredo, di questo cuore non puoi comprendere tutto l'amore — «Alfredo, Alfredo, no puedes entender todo el amor de este corazón».

Acto 3
Algunos meses después de la fiesta, Violetta aparece en la cama debido al avance de la tuberculosis. El doctor Grenville le dice a Annina que Violetta no vivirá mucho puesto que su enfermedad ha empeorado. A solas en su habitación, Violeta lee una carta del señor Germont, en la que le dice que el barón sólo fue herido en su duelo con Alfredo; que ha informado a Alfredo del sacrificio que Violeta ha hecho por él y su hermana; y que él envía a su hijo a verla tan pronto como sea posible para pedir su perdón (Violetta: Teneste la promessa — «Habéis mantenido la promesa»). Pero Violetta siente que es demasiado tarde (Violetta: Addio del passato — «Así se cierra mi triste historia»).
Annina se apresura a la habitación para decir a Violetta que ha llegado Alfredo. Los amantes quedan reunidos y Alfredo sugiere que ellos abandonarán París (Alfredo, Violetta: Parigi, o cara, noi lasceremo — «Querida, dejaremos París»).
Pero es demasiado tarde: ella sabe que su tiempo se ha agotado (Alfredo, Violetta: Gran Dio! morir sì giovane — «¡Oh, Dios! Morir tan joven»). El padre de Alfredo entra con el médico, lamentando lo que ha hecho. Después de cantar un dúo con Alfredo, Violetta revive rápidamente, exclamando que el dolor y la incomodidad la han abandonado (Violetta, Alfredo, Germont, Anina, Grenvil: Prendi, quest'è l'immagine — «Toma, esta es la imagen de mis días pasados»). Un momento después, ella muere en brazos de Alfredo.

Discografía
Una de las grabaciones que tengo y recomiendo es la de Kiri Te Kanawa, Alfredo Kraus, Dmitri Hvorostovsky, Olga Borodina, Silvia Mazzoni. Coro y orquesta del Maggio Musicale Fiorentino dirigidos por Zubin Mehta. Philips 2 CD, grabado en estudio, 1992.


La traviata, por su calidad y popularidad, está considerada como una de las obras más importantes del repertorio operístico estándar. Tanto es así, que según las estadísticas de Operabase aparece la nº 1 de las más representadas en todo el mundo en numerosas temporadas, por ejemplo, 2007-2008 y 2011-2012, siendo la 1ª de italia y la 1ª de Verdi.

¿Cómo?
Esta bella producción naturalista de Richard Eyre hará las delicias que de los amantes de las propuestas más clásicas y fieles a la idea original. En un teatro de los recursos y posibilidades de la Royal Opera House será una garantía de éxito.

Como esbocé al principio, los grandes atractivos son la presencia de la soprano albanesa Ermonela Jaho, comprometida como pocas con cada rol que interpreta y con unas cualidades vocales sobresalientes. Reconozco que para mí es una debilidad. Por otro lado, tendremos el privilegio de volver a disfrutar de otra actuación de la leyenda viva, el tenor, ahora en papeles de barítono, Plácido Domingo. Veremos cómo está vocalmente, aunque ya hace mucho que se le disfruta como figura más que como cantante. Todas las funciones de esta producción estarán dirigidas por el italiano Antonello Manacorda que debuta en Londres, y no por el habitual Antonio Pappano.

En definitiva, La traviata, es una ópera que por muchas veces que se haya visto siempre sigue apeteciendo. Si no se es aficionado, se trata de uno de los dos o tres títulos más recomendables para acercarse al género. En esta ocasión, la presencia de Ermonela Jaho y Plácido Domingo deberían ser motivo suficiente para dejarse caer por el cine. Lo veremos y lo comentaremos.

23 de enero de 2019

Ópera en el cine: La dama de picas ROH 2018/19

La dama de picas - ROH 2018/19

Esta ópera fue retransmitida en directo desde la Royal Opera House de Londres y ofrecida por Versión Digital para España en más de 140 salas de cine, a las 19:45, hora española, ayer 22 de enero de 2019. Esta opción de ver ópera en el cine mediante retransmisiones en directo permite, pese a las diferencias obvias con respecto al teatro, disfrutar de repartos y producciones de primer nivel mundial cómoda y económicamente. Para entender el alcance de las mismas basta con echar un vistazo a las cifras, y es que la ópera fue proyectada en más de 1000 salas de cine de 28 países y en 9 idiomas diferentes.

La dama de picas, como no podía ser de otra manera tratándose de una obra de Tchaikovsky, irradia sinfonismo y belleza melódica. El compositor ruso, fuertemente influido por sus contemporáneos europeos en general y lo francés en particular, consigue aunar el costumbrismo ruso de las canciones populares de su patria y la grandilocuencia orquestal. El resultado es capaz de maravillar a cualquiera. Incluso al que se acerque por primera vez a esta ópera, venciendo el prejuicio de estar cantada en ruso, le resultará inolvidable. A continuación paso a analizar la función de ayer.

La producción, como ya se adelantó en la preparación previa, estuvo dirigida por el noruego Stefan Herheim, conocido por sus destacadas producciones en óperas de Wagner y alguna que otra controvertida propuesta escénica. En esta ocasión presentó un muy cuidado y original planteamiento situando al propio Tckaikovsky en el centro de la acción. La idea podrá gustar más o menos, a mí me encantó, pero lo indiscutible es lo bien construida que estaba. Y es que incluir un personaje nuevo en la obra y que los cantantes interactúen con él tan solo con la mirada, sin interferir en la partitura, tiene mucho mérito y trabajo detrás. La traslación temporal nos sitúa en 1890, año de estreno de la ópera y un siglo después de cuando transcurre la acción. Todos los actos tienen lugar en la misma escenografía. A priori pudiera parecer monótono pero el juego de luces crea diferentes atmósferas según se desarrolla la trama y ésto no resulta un inconveniente. La casa de Tchaikovsky es el lugar elegido por el director de escena para dar rienda suelta a su creatividad y mostrarnos el lado más creativo y atormentado del compositor. La creatividad, presente a lo largo de toda la ópera a través de las partituras que garabatean los cantantes y vuelan arrojadas por toda la estancia y su tormento, con varios guiños hacía su homosexualidad, tanto entre Liza y Pauline como entre Tckaikovsky y Hermann o la mismísima Catalina II travestida. Brillante. Bien es cierto que ver a Tchaikovsky en escena todo el tiempo, simulando tocar el piano o dirigir las partes instrumentales, puede llegar a cansar un poco. La pantomima del segundo acto, guiño a Mozart con los participantes de la misma vestidos de pájaros al más puro estilo Papageno, funciona a la perfección llevada en volandas por la delicia de la composición melódica.

El vaso de agua envenenada, con el que supuestamente se suicidó Tckaikovsky, está presente como hilo conductor en toda la producción, incluso pudimos sentirnos sumergidos en el mismo cuando, en alguna ocasión, el fondo de la escenografía ondeaba acuoso. El vestuario, variado, profuso y detallista fue un elemento clave para dar sentido y dinamismo a la propuesta. El maquillaje y la caracterización pusieron la nota discordante con más de una peluca mal colocada. Otro aspecto a destacar fue la presencia de multitud de miembros del coro en el patio de butacas, con las luces del teatro encendidas e invitando al público a levantarse, en la polonesa de O. Kozlovski, dedicada a Catalina la Grande, al final de la escena primera del segundo acto y que dio paso al descanso.

En líneas generales, esta producción, cargada de simbolismo te invita a empatizar con Tckaikovsky, con su genio y sus demonios. La aparente simpleza de la escenografía esconde un trabajo descomunal de dirección de escena que hace de la propuesta su punto fuerte. Encontramos momentos de delicia etérea y otros de sobrecogedora opresión.

En cuanto al reparto, nada más comenzar nos encontramos con la mala noticia de la sustitución, por indisposición, del tenor letón Aleksandrs Antonenko. Aun no siendo santo de mi devoción, no dejaba de ser el papel masculino protagonista. En su lugar tuvimos a Sergey Polyakov que debutaba en el ROH. Sin ensañarme con el sustituto, vocalmente fue lo peor de la noche. No era fácil estar a la altura con un reparto de este nivel y de forma sobrevenida, pero el tenor ruso dio irritantes muestras de falta de musicalidad que compensó con entrega y alardes de potencia vocal. A buen seguro, Antonenko habría sido también la pata más coja del elenco. La soprano holandesa Eva-Maria Westbroek cumplió con creces en el rol de Liza, demostrando la seguridad y solvencia habituales pero acusando, en ocasiones, ese vibrato que lamentablemente ya le acompaña desde hace algunos años. Destacada actuación vocal del bajo búlgaro Vladimir Stoyanov, como Príncipe Yeletski, en su aria del segundo acto y muy exigido en su faceta actoral, por su presencia en escena a lo largo de toda la obra, pues fue el designado para encarnar el personaje de Tckaikovsky caracterizado como tal. La veterana mezzosoprano británica Felicity Palmer fue una Condesa de muchos quilates. Brilló con luz propia en su Je crains de lui parler la nuit a pesar de estar mermada físicamente por su brazo escayolado. Siguiendo con talento vocal hay que mencionar al barítono sueco John Lundgren bordando su rol de Conde Tomski sin despeinarse. Su voz redonda y bella merece ser puesta en valor. También me causó gran impresión la mezzosoprano rusa Anna Goryachova como Pauline. Su voz y su actuación invitan a verla en un papel de más relevancia. Del resto del reparto todos estuvieron correctos.

El coro del ROH, concretamente de mujeres, pudo estar mejor en la primera intervención del primer acto, pero en adelante fueron un valor seguro como es habitual en la casa. Tienen un papel importante en la obra y fueron partícipes de forma notable de las exigencias dinámicas del director de escena. Sobresaliente el coro de niños del primer acto.

La dirección de la orquesta a cargo de Antonio Pappano fue soberbia. No percibí ningún momento de debilidad sino brillantez y acierto en los tempos. No en vano se caracteriza por su buen entendimiento con los cantantes y esta orquesta, de la que es titular, suele volar entusiasta bajo su batuta.

En definitiva, esta Dama de picas, con un Tchaikovsky más protagonista que nunca, ofreció una idea novedosa, sin cabos sueltos, que funciona a la perfección. Esta propuesta, que no gozará de la simpatía de todos, aporta una nueva perspectiva y supone un valor añadido a la hora de disfrutar de la obra. Bienvenida sea.


LA DAMA DE PICAS de Pyotr Ilyich Tchaikovsky

Hermann
Sergey Polyakov
Liza
Eva-Maria Westbroek
Príncipe Yeletski
Vladimir Stoyanov
La Condesa
Felicity Palmer
Conde Tomski
John Lundgren
Pauline
Anna Goryachova
Tchekalinski
Alexander Kravets

Director
Antonio Pappano
Director de escena
Stefan Herheim
Diseño
Philipp Fürhofer


Royal Opera House, Londres, 22 de enero de 2019

21 de enero de 2019

Próximamente en cines: La dama de picas, 22 de enero, ROH

Vuelvo a las retransmisiones en directo de ópera en el cine. Será la primera vez en esta temporada y la ocasión bien lo merece. El repertorio operístico me gusta definirlo gráficamente como las zonas del plano de un metro de cualquier gran ciudad. Me explico. En la zona 1, de ese plano de metro imaginario, encontraríamos las obras principales, las más conocidas y, en definitiva, a las que todo nuevo aficionado se acerca por primera vez. Me refiero a las Traviatas, Rigolettos, Bohemes, Toscas, Carmenes, Don Giovannis, etc., a lo largo y ancho del globo. Hay obras limítrofes y otras claramente en la zona 2, aunque no por demérito artístico sino más bien por desconocimiento popular o conservadurismo de los programadores. Situados, con este ejemplo ilustrativo, en esa segunda fila encontramos La dama de picas de Tchaikovsky. Esta ópera es la segunda en importancia y representaciones del compositor ruso, por detrás de Eugene Onegin que ya reseñé hace un par de temporadas. Vamos a desgranar lo que se nos viene este martes.



¿Cuándo?
Martes 22 de enero de 2019 a las 19:45, en directo desde el Royal Opera House de Londres. Retransmitido en más de 140 salas de cine por Versión Digital, distribuidora con los derechos de ROH en exclusiva. Podéis consultar las salas de cine asociadas aquí y comprar las entradas.

¿Qué?
La dama de picas es una ópera en tres actos de Pyotr Ilyich Tchaikovsky, con libreto en ruso de su hermano Modest Tchaikovsky, basado en un relato de Aleksandr Pushkin. La ópera se estrenó en el Teatro Mariinski de San Petesburgo en 1890 y en España no fue hasta diciembre de 1922 cuando pudo verse por primera vez en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona. La duración estimada es de 3 horas y 30 minutos, incluyendo un intermedio.

Personajes
La Condesa. Aristócrata rusa de misterioso pasado, pues se rumorea que ganó una fortuna jugando a las cartas, abuela de Liza. Papel para mezzosoprano o contralto, de tesitura baja y breves pero destacadas intervenciones.
Liza. Nieta de la Condesa, enamorada de Hermann. Papel para soprano lírica sin muchos problemas.
Hermann. Enamorado de Liza pero obsesionado por el secreto de la Condesa. Papel de tenor spinto o dramático de gran fuerza y ampliada extensión.
Pauline. Amiga de Liza. Papel para mezzosoprano de coloratura. Su rol incluye también el de la pantomima del acto II.
Conde Tomski. Amigo de Hermann. Papel secundario para barítono; canta también el papel de Plutón en la pantomima.
Príncipe Yeletski. Aristócrata y jugador. Papel para bajo.
La Gobernanta. Antigua nodriza de Liza. Papel para mezzosoprano.
Chloe. Papel para soprano, canta en la pantomima.
Mascha. Camarera. Papel mínimo para soprano.
Tchekalinski. Del grupo de compañeros de Hermann. Papel breve para tenor.
Surin. Papel pequeño para bajo.
Tchaplitski. Miembro del grupo. Pequeño rol para tenor.
Narumov. Miembro del grupo. Breve papel para bajo.
Maestro de ceremonias. Papel episódico para tenor.
Catalina II. Personaje mudo, hace una entrada solemne en el segundo acto.

Argumento (vía Wikipedia)
La acción se desarrolla en San Petesburgo, Rusia, a finales del siglo XVIII.

Acto 1
Escena 1:
La trama de la ópera gira en torno a Herman, un oficial del ejército. Durante el reinado de Catalina la Grande (1762–96). Los niños están jugando en el parque de verano de San Petersburgo fingiendo ser soldados. Entran dos oficiales — Surin y Chekalinski —, el primero quejándose sobre su mala suerte en el juego. Afirman que otro oficial, Herman, parece obsesionado con el juego, pero nunca apuesta, siendo frugal y metódico. Herman aparece con Tomski, quien afirma que su amigo difícilmente se parece al que solía ser: ¿hay algo que le preocupa? Herman admite que está enamorado de una chica por encima de él socialmente, cuyo nombre incluso desconoce. Cuando el príncipe Yeletski, un oficial, entra en el parque, Chekalinski lo felicita por su reciente compromiso. Yeletski declara su felicidad mientras que Herman, a un lado, lo maldice con envidia. Yeletski señala a su prometida, Lisa, quien acaba de aparecer con su abuela, la vieja Condesa, conocida una vez como la Venus de Moscú. Mirando a Herman con estremecedora intensidad, las dos mujeres se dan cuenta de que lo han visto antes. Herman se da cuenta de que Lisa es su amada desconocida. Cuando Yeletski y las mujeres se van, Herman se pierde en sus pensamientos, al tiempo que otros oficiales hablan de la Condesa: también conocida como la Dama de Picas, ella tuvo éxito en el juego en su juventud intercambiando favores amorosos para obtener la fórmula victoriosa del Conde St. Germain, en París. Tomski dice que sólo dos hombres, su marido y, más adelante, su joven amante, conocieron alguna vez su secreto, porque ella había sido advertida por una aparición de que se cuidara del "tercer pretendiente" que intentara sonsacársela. Meditando sobre las tres cartas mágicas, los otros sugieren con ligereza que semejante combinación resolvería los problemas de Herman. Amenazado por una tormenta que se aproxima, todos se marchan salvo Herman, quien jura que descubrirá el secreto de la Condesa.

Escena 2:
En casa, Lisa toca la espineta mientras ella y su amiga Pauline cantan un dúo sobre la tarde en el campo. Sus amigas le piden oír más, de manera que Pauline empieza a cantar una balada triste, seguida por una canción para bailar. Conforme se incrementa el entretenimiento, Lisa permanece aparte, pensativa. Un ama de llaves riñe a las muchachas por entretenerse con danzas folclóricas y pide a las visitantes que se vayan. Pauline, la última en irse, le pide a Lisa que se anime; Lisa responde que después de una tormenta hay una bella noche y pide a la doncella, Masha, que no cierre las ventanas francesas que dan al balcón. A solas, Lisa expresa su infelicidad con su compromiso; se ha conmovido por el aspecto romántico de un joven en el parque. Para su sorpresa, Herman aparece en el balcón. Pretendiendo que se va a pegar un tiro por su compromiso con otro, Herman le ruega que se apiade de él. Cuando se oye a la Condesa llamar, Lisa lo esconde y abre la puerta a la anciana, quien le dice que cierre las ventanas y se vaya a la cama. Después de que la Condesa se retira, Lisa pide a Herman que se vaya, pero se siente traicionada por sus sentimientos y se abrazan.

Acto 2
Escena 1:
No mucho después, en un baile de máscaras, los camaradas de Herman comentan su obsesión con el secreto de las cartas victoriosas. Yeletski entra con Lisa, notando su tristeza y asegurándole que la ama. Herman recibe una nota de Lisa, pidiéndole que se encuentre con ella más tarde. Surin y Chekalinski murmuran detrás de Herman que él es el "tercer pretendiente" que descubrirá el secreto de la Condesa, luego se pierden en la multitud, al tiempo que Herman se pregunta si estará oyendo cosas. El maestro de ceremonias anuncia un tableau de pastoras. Lisa le entrega a Herman la llave de la habitación de su abuela, diciéndole que la anciana no estará allí el día siguiente, pero Herman insiste en ir esa misma noche. Pensando que el destino le está entregando el secreto de la Condesa, se marcha. La atención de los invitados se centra en la inminente llegada de Catalina la Grande, para lo que se toca una polonesa de O. Kozlovski, que es entonada como saludo a la soberana.

Escena 2:
Herman entra en la habitación de la Condesa y mira fascinado su retrato de cuando era joven. Sus destinos, así lo siente, están unidos: uno de ellos morirá debido al otro. Se esconde cuando se acerca la anciana. La Condesa lamenta los modales de hoy y recuerda su juventud, cantando "Je crains de lui parler la nuit" (aria de Laurette) de la ópera Richard Coeur-de-lion de André Grétry. Mientras ella dormita, Herman se levanta ante ella. La Condesa se despierta horrorizada cuando él le ruega que le revele su secreto. Cuando ella queda sin habla, él se desespera y la amenaza con una pistola — ante lo que ella muere aterrorizada. Lisa entra apresuradamente, sólo para descubrir que el amante al que ella entregó su corazón estaba más interesado en el secreto de la Condesa. Ella le ordena que salga y cae llorando.

Acto 3
Escena 1:
En su habitación en los barracones, conforme aúlla el viento invernal, Herman lee una carta de Lisa, quien quiere encontrarse con él a medianoche a la orilla del río. Imagina que oye el coro cantando en el funeral de la vieja Condesa, luego se sobresalta por una llamada a la ventana. Aparece el fantasma de la vieja mujer, anunciando que, contra su deseo, ella le debe decir el secreto de manera que él pueda casarse y salvar a Lisa. Aturdido, Herman repite las tres cartas: tres, siete, as.

Escena 2:
Junto al canal de invierno, Lisa espera a Herman: ya es cerca de medianoche, y aunque ella se aferra a la vana esperanza de que él aún la ame, ella ve su juventud y felicidad perderse en la oscuridad. Al final él aparece, pero después de murmurar unas palabras tranquilizadoras, empieza a parlotear salvajemente sobre la Condesa y su secreto. Sin reconocer ya a Lisa, se apresura a salir. Dándose cuenta de que todo está perdido, ella se suicida.

Escena3:
En un tugurio, los oficiales compañeros de Herman están terminando la cena y preparándose a jugar al juego de cartas llamado 'faraón'. Yeletski, quien no ha jugado antes, se une al grupo debido a que su compromiso se ha roto: "desafortunado en el amor, afortunado en el juego." Tomski entretiene a los otros con una canción. Luego Chekalinski lidera una canción tradicional de jugadores. Sentándose para jugar, quedan sorprendidos cuando llega Herman, enloquecido y ausente. Yeletski intuye una confrontación y le pide a Tomski que sea su padrino si al final acaba produciéndose un duelo. Herman, que sólo pretende apostar, empieza con 40.000 rublos. Apuesta al tres y gana, disgustando a los otros con su expresión maníaca. Luego apuesta al siete y gana de nuevo. En este momento, toma una copa de vino y declara que la vida es sólo un juego. Yeletski acepta el desafío de apostar en la siguiente ronda. Herman apuesta al as, pero Yeletski le enseña la carta ganadora — la dama de picas. Viendo al fantasma de la Condesa riéndose ante su venganza, Herman se suicida y, antes de morir, pide el perdón de Yeletski y Lisa. Los otros rezan por su alma atormentada.

Discografía
La grabación que tengo y recomiendo es la de Wieslaw Ochman, Stefka Evstatieva, Penka Dilova, Yuri Mazurók, Stefania Toczyska, Ivan Konsulov. Bulgarian National Choir y Sofia Festival Orchestra dirigidos por Emil Tchakarov. Sony Classical 3 CD, grabado en estudio, 1990 (puede adquirirse vía Amazon aquí).


La dama de picas está considerada, como comenté anteriormente, la segunda ópera en importancia de Tchaikovsky tras Eugene Onegin. Según las estadísticas de Operabase aparece la nº 48 de las cien óperas más representadas en el período 2005-2010, siendo la 2ª en ruso y la 2ª también de Tchaikovsky.

¿Cómo?
Esta nueva producción que llega a la Royal Opera House está ambientada en 1890, el año del estreno de la ópera. La propuesta del director de escena Stefan Herheim ya ha cosechado buenas críticas en Ámsterdam y supone el estreno en el Covent Garden de Londres.

A los mandos de esta función encontraremos al director titular Antonio Pappano, normalmente garantía de calidad y entendimiento con los cantantes. Éstos, como no podía ser de otra manera en un escenario de este nivel, de primera línea. A saber, el tenor letón Aleksandrs Antonenko, que ya debutó en Londres en 2011, será Hermann; y la soprano holandesa Eva-Maria Westbroek, de larga trayectoria y actual referente en repertorio wagneriano, interpretará a Liza.

En definitiva, La dama de picas, a pesar de ser uno de los títulos imprescindibles de Tchaikovsky, será desconocida para muchos aficionados, bien por estar cantada en ruso o bien por ser menos programada que otras obras. Esta, sin duda, es una ocasión inmejorable para acercarse a esta obra maestra y disfrutar con la propuesta escénica, que a buen seguro estará a la altura de lo que la Royal Opera House nos tiene acostumbrados.

26 de noviembre de 2018

La traviata en el Teatro Cervantes 2018/19

La traviata - Teatro Cervantes 2018/19

La 30 temporada lírica en Málaga se abría con un título de riesgo cero y más aún con un reparto encabezado por una diva, en toda la extensión del término, como la gran Ainhoa Arteta. La temporada, según esbocé en la anterior entrada, se presentaba muy prometedora y así lo ha confirmado esta primera piedra sobre la que habrá que seguir edificando, con sólidos argumentos, una programación anual digna de la sexta ciudad de España. Este buen camino, a mi juicio, no comienza ahora, sino que puso sus cimientos ya la temporada pasada con lo que bauticé como “efecto Turandot”.

A continuación, analizaré la función a la que asistí ayer domingo, no sin antes mencionar el éxito en taquilla, tanto de ésta como de la inaugural del viernes, y la apertura al público, previa invitación, del ensayo general. Ante tal circunstancia creo que cabría la posibilidad de plantearse programar un tercer pase entre semana y empezar a mirar de frente a otros teatros del panorama nacional.

La producción del Villamarta de Jerez, teatro hermano con el que se comparte bastante contenido, era de corte clásico. Vestuario, bailes, salones… todo lo esperado. Por tanto, en este sentido no cabe poner pega alguna, aunque tampoco se ofreció ninguna aportación novedosa que reinterpretara el drama verdiano. Si acaso, mencionar el manido recurso del espectro, visión o fantasmagoría al comienzo y final de la obra como álter ego de la protagonista. Una propuesta abierta a multitud de interpretaciones para cubrir el expediente de la originalidad por parte de la dirección de escena, en este caso, a cargo de Francisco López. Otra licencia desgraciada fue la incursión de un figurante ataviado con una cabeza de toro en el, ya de por sí plagado de clichés, coro de los toreros, que provocó un ridículo fuera de lugar. Aún no logro entender estos arrebatos de creatividad descontextualizados.

La escenografía fue adecuada a la propuesta con una iluminación muy cuidada. Interesante el fondo, en el primer y último acto, que, sin reflejar del todo, confería al conjunto sensación de amplitud. Calidez provenzal en el segundo acto cargada del espíritu campestre que caracteriza a este cuadro, siempre dentro del estatismo de muchas partes de la obra. El vestuario fue vistoso y acorde con el resto de la puesta en escena, con la merecida mención al trabajo del equipo de peluquería y maquillaje marca de la casa. El punto débil, a buen seguro, técnicamente insalvable, por las limitaciones del teatro, fueron las dilatadas pausas para los cambios de escenografía que dividieron, además de los tres actos, los dos cuadros del segundo. Casi sesenta minutos de pausa en total en una ópera de apenas dos horas de duración se antojan demasiados y hacen un flaco favor a la hora de mantener la tensión dramática de la obra.

En cuanto al reparto, el nombre de Ainhoa Arteta destacaba por encima del resto, todos ellos producto nacional. Muchos, seguramente, se acercaron al Cervantes movidos por el atractivo de ver a la guipuzcoana, con el acicate añadido de que sería su última interpretación como Violeta Valéry. Nadie puede discutir el talento descomunal de la soprano tolosarra pero, que ya no reúne las cualidades vocales para cantar este papel, es un hecho irrefutable. En el primer acto pasó verdaderos apuros para salvar dignamente la papeleta de los agudos, que no dio, y la agilidad requerida que no exhibió. Tiró de tablas y experiencia, que le sobran, para salir adelante a sabiendas de que su momento de lucimiento estaba por llegar. Así es este rol, el personaje evoluciona a lo largo de los tres actos pasando a requerir una soprano más dramática según avanza la obra. Por suerte para los asistentes la cosa mejoró y de qué manera. Ainhoa Arteta, a partir del segundo acto, empezó a coger vuelo y llegó a conmover con una interpretación comprometida y ya técnicamente portentosa. Un lujo para este teatro haber sido testigo de su última Violeta. El no menos conocido barítono onubense, Juan Jesús Rodríguez, fue el otro gran ovacionado de la noche. Su Giorgio Germont dejó claro que es uno de los grandes exponentes nacionales de esta cuerda. De voz bella y emisión incontestable cautivó al público con “Di Provenza il mar… “ en el segundo acto. El trío protagonista lo cerraba el tenor de crevillente, Antonio Gandía, que cantó por momentos un Alfredo muy disfrutable. A su actuación le faltó algo de redondez en comparación con la del barítono protagonista y los quilates de la soprano. Aun así, me gustó bastante pues no ha sido tan frecuente ver tenores de este nivel en temporadas anteriores. De los secundarios destacar a dos cantantes de la ciudad como son el tenor Luis Pacetti, en el rol de Gastone, con voz y presencia suficientes para este tipo de papeles y la joven promesa malagueña, la soprano Alba Chantar en el papel de Annina.

El Coro de Ópera de Málaga sufrió, en el primer acto, las consecuencias de una dirección a la medida por las dificultades expuestas anteriormente de la soprano. En el segundo acto, libre de ese corsé, se desató mostrando todo el potencial que es capaz de desencadenar sobre un escenario. Su director Salvador Vázquez volvió a salir reforzado como artífice de que el nivel de este grupo no decaiga.

La dirección de la Orquesta Filarmónica de Málaga a cargo de José María Moreno tuvo algunos altibajos ya señalados. Un director musical debe demostrar personalidad y a la vez velar porque todo funcione. Las exigencias o necesidades vocales de la soprano en el primer acto le obligaron a un tempo tan soporífero que hizo languidecer la línea musical. En otros momentos sí consiguió sacar todo el partido a la gran orquesta que tenía entre manos. En líneas generales una dirección ortodoxa que contribuyó al éxito de la velada.

En definitiva, La traviata supuso una inauguración grandiosa de esta nueva temporada lírica de cifra tan redonda en Málaga. El público, que asaltó las taquillas en pocas horas, vio colmadas sus expectativas como así lo atestiguó la rotunda ovación final que otorgó a los cantantes. Que siga la fiesta.

LA TRAVIATA de Giuseppe Verdi

Violeta Válery
Ainhoa Arteta
Alfredo Germont
Antonio Gandía
Giorgio Germont
Juan Jesús Rodríguez
Flora Berboix
Mónica Campaña
Annina
Alba Chantar
Gastone
Luis Pacetti

Director
José María Moreno
Director de escena
Francisco López
Escenografía
Teatro Villamarta
Diseño de vestuario
Azucena Rico y Cornejo

Teatro Cervantes, Málaga, 25 de noviembre de 2018

Foto de Daniel Pérez